Aida Vergne

Punto de vista

Por Aida Vergne
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¿Cuán difícil es el difícil?

Algunos idiomas, como el español, tienen una correspondencia fonética extraordinaria; con tan solo mirar una palabra ya sabemos cómo pronunciarla. El inglés, en cambio, no es fonético. Por eso no basta con ver o escuchar una palabra para saber cómo pronunciarla o escribirla. Esta “endemoniada” característica del inglés nos remite a George Bernard Shaw cuando aseguraba que Ghoti era lo mismo que decir Fish. ¿Cómo? Pues fíjese: gh = f como en rouGH;  o = i como en wOmen; ti = sh como en naTIon. ¿Vio el enredo? ¿Será por esto que le llamamos el difícil al inglés? Vamos a ver…

Uno de los mayores obstáculos que enfrentan los estudiantes es la ausencia de correspondencia entre el inventario de sonidos en español e inglés. Si no se posee un fonema del inglés, habrá dificultades para pronunciarlo o reconocerlo como un sonido distinto. Por ejemplo, puede que usted no se percate de diferencias acústicas entre chip y ship, chop y shop, chair y share. ¿Por qué? Porque el español no tiene el fonema fricativo /sh/. Solo reconocemos como sonido significativo la africada /ch/.

Me explico: en español mushasha y muchacha significan lo mismo, independiente de cómo se pronuncie. Y este es solo un ejemplito pues el inglés tiene casi el doble de los sonidos que el español. Hay sonidos (vocálicos) largos y cortos, consonantes complejas y combinaciones de varias consonantes– que el hispanohablante tiene dificultad para distinguir y pronunciar porque simplemente no existen en español. Y aquí es donde empezamos a “defendernos” como dijo la gobernadora el otro día, pues, para explicarlo bien llanito, transferimos nuestro conocimiento fonológico del español de forma automática a la segunda lengua (en este caso el inglés). De ahí que todos, sin distinción, hablemos con “acento” una segunda lengua. Pero mire, ese acento o inglés “goleta”, como le llaman algunos, lo único que significa es que usted habla más de una lengua. No se abochorne, que son buenas noticias, y con la práctica usted puede mejorar. Sigamos… En español hay 5 vocales, y muchos piensan que en inglés también. Nada que ver. El inglés tiene 14 vocales, o más, representadas por las mismas 5 letras (aeiou). Esta diferencia provoca dificultades distinguiendo acústicamente sheep de ship (la primera es larga, y la segunda es breve). En español no hay vocales largas. Ahora bien, cuando nos movemos de los sonidos a la morfosintaxis, el inglés se queda chiquitito al lado de la complejidad gramatical del español. 

            Fíjese. Los sustantivos del inglés que nombran personas o animales no llevan marca de género; solo en raras excepciones. Así pues, la distinción perr-o, perr-a, no es necesaria en inglés; en el supuesto “difícil” es dog y pare de contar. Pero el asunto no termina aquí; en español tenemos sustantivos sin morfema de género como agua, por ejemplo, pero sí tienen género. Y en este escenario entran los artículos como el agua (para marcar masculino o femenino, la mano). En inglés, el artículo the se mantiene invariable: the water, the hand. ¿Conveniente, no? Como si fuera poco, el artículo the equivale en español a el, la, lo, los, las  (¡5 formas de entre las cuales usted tiene que escoger una, según la concordancia de género y número!) Esa gimnasia gramatical no ocurre en inglés. Lo mismo con el plural o singular del sustantivo, donde el artículo se queda invariable. “The professor”. “The dogs”. Esta misma operación en español exige concordancia de género y número.  “La profesor-a”; “Lo-s perr-o-s”.  Incluso, los adjetivos demostrativos en español son más numerosos: this (este / esto /esta), that (ese / esa / aquel / aquello /). Y lo mismo ocurre con el plural: These (estos / estas); Those (esos / esas / aquellos / aquellas). 

            ¿Y los verbos? ¡Ja! Aquí la puerca entorcha el rabo. Sin hablar de los irregulares, ni de ser y estar, nuestro sistema verbal es muchísimo más complejo que el inglés. La conjugación en inglés es mínima. Un verbo regular como walk tiene walk-s, walk-ed y walk-ing – ( -s, -ed, -ing) cuatro formas en total. En español la conjugación es una historia de terror comparada con el inglés, donde los verbos auxiliares tienen más importancia y sirven para negar, preguntar e incluso, indicar pasado, presente y futuro (did, do, will). Did you live here? Do you live here? Will you live here? Me voy más lejos. El verbo más complicado en inglés es to be, con ocho formas, be, am, is, are, was, were, being, been. Mientras, cualquier verbo en español tiene decenas de conjugaciones, además del temido subjuntivo, rarísimo en inglés.  Más de 40 formas verbales distintas, que marcan tiempo, aspecto, modo, persona y número en español, frente a 4 o 5 formas en inglés, para tiempo y, de forma limitada, aspecto, número y persona. Entonces, fuera de la “endemoniada” ortografía del inglés, ¿cuál es el difícil? No hay duda de que, en cualquier liga, el español presenta mayores retos gramaticales que el inglés. Lo del “difícil” es puro mito. Y si no me cree, pregúntele al americano.

La autora es lingüista y profesora universitaria.



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lunes, 4 de noviembre de 2019

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No hay duda de que, en cualquier liga, el español presenta mayores retos gramaticales que el inglés. Lo del “difícil” es puro mito, argumenta Aida Vergne

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