Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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Cuando los menos mandan sobre los más

Los que se lamentan a diario de esto y lo otro reaccionando a la última andanza o escándalo de este o cuál líder político, son los que el día de las primarias para seleccionar a los candidatos del próximo cuatrienio se irán de playa o chinchorreo dominical.  Le dejarán eso a la llamada “base” cada vez más pequeña de los partidos políticos para que tan reducido segmento poblacional escoja los candidatos que irán a la papeleta de 2020 – desde la gobernación hasta las legislaturas municipales – bajo estricto criterio partidista.  

En el particular escenario político puertorriqueño con trasfondo de identidad y estatus por precisar, las primarias son más influyentes para crear gobierno que las propias elecciones generales en las que el voto mayoritario queda atrapado por tradiciones, tendencias y costumbres… Ah, es que somos del partido desde el tatarabuelo, que soy estadista, independentista, autonomista o que los míos con razón y sin ella; prevaleciendo el voto íntegro sin miramiento a los nombres en la papeleta.  A la hora de la verdad no hay voto realengo suficiente ni candidatura independiente que valga frente a la corriente electoral.

Este fin de semana un titular de El Nuevo Día desnudó tajantemente este proceso al reseñar la convención del Partido Popular: “En un salón atestado, pero reducido en tamaño”, refiriéndose al truqueo de los partidos tradicionales al montar eventos en el hotel “El Conquistador” y emplear las cortinas del enorme salón cerrando secciones para crearse ellos mismos la ilusión de que son muchos, cuando son menos.  Así los menos se acercan a las primarias de PNP y PPD, con mañas del pasado y retahíla de aspirantes con promesa de cambio tan liviana como sábana en tenderete.

Ningún tiempo pasado es mejor… pero la historia incita a envidia de tiempo ido cuando nuestros políticos – amén a la profesión u oficio ejercidos – fueron ilustres poetas, escritores, periodistas, oradores o intelectuales entre los que la norma del debate fue el respeto.  Mucho perdimos a última etapa del pasado siglo cuando empezaron las campañas de jingles, “tumbacocos” y caminatas – ahora evalúan a candidatos por el tiempo que les toma caminar un barrio, de cuántas manos podrán estrechar por minuto, como caballos en quiniela de hipódromo compitiendo en banca por dinero gastado en propaganda y publicidad.  A eso que, sin remordimiento, se repitan los esquemas de corrupción que desacreditaron nuestra gobernanza y surjan tantos aspirantes a cargos electivos que no puedan siquiera explicarse.

Puede ser que nos pase lo que dijera el filósofo Maistre, que “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”.  O peor, si los más dejan la decisión a los menos, solo les queda el berrinche.

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