José Esteves

Tribuna invitada

Por José Esteves
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“Cuando un amigo se va”

“Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”.

Nunca este pensamiento del cantautor argentino Alberto Cortés, que se ha convertido en un himno que abrazamos en los momentos de pérdida, tiene para mí tanta vigencia como ahora que Elliott Castro se despide de nosotros.

Hemos tenido, tenemos y tendremos buenos cronistas deportivos. Pero ninguno como él. Esa picardía y ese gusto que le imprimía a todo lo que él hacía, ya fuera en radio, televisión o prensa escrita, difícilmente será igualada.

Del gran cronista deportivo todos conocemos. Acertado. Analítico. Y con vivencias en el campo deportivo que pocos han tenido. Con su don de gentes Elliott se ganaba la confianza, lo mismo de atletas que de directivos deportivos, que se sinceraban con él y le contaban cosas que a otros jamás dirían.

Pero todo esto se queda corto cuando nos hablamos de su calidad como ser humano y su compromiso con la justicia social, las causas nobles y la ayuda a los más necesitados. Si el asunto era defender a un amigo en desgracia !ni hablar! Y de eso doy fe. En esos momentos difíciles de la vida que a todos nos ha tocado vivir, él estaba allí.

Ingeniero graduado del Colegio (¡Dios me libre llamarle Recinto Universitario de Mayagüez!), Elliott pudo haberse hecho rico ejerciendo la profesión, pero el dinero no era su norte. Desde el deporte pudo abrazar su pasión y canalizar su compromiso inmenso con su país. Así era él con todos sus amores, con su familia, con la independencia de Puerto Rico y con su querido Roosevelt, su comunidad y vecindad, pero sobre todo, con el deporte.

Conocí a Elliott cuando ambos éramos muy jóvenes. Tendríamos trece o catorce años de edad. Jugábamos baloncesto en las canchas de brea del Colegio de Ingenieros, en Roosevelt, con el sueño de todo niño de alcanzar el estrellato en ese deporte. No pudimos continuar. Él, porque tenía los pies planos y a mí, una lesión en la rodilla me lo impidió. Por esos rumbos llegamos al periodismo.

Fueron muchos los eventos deportivos que cubrimos o donde nos encontramos. En las canchas del baloncesto superior y de voleibol, en los parques de pelota, en el boxeo. En los Juegos Centroamericanos, Panamericanos y Mundiales. En México, Cuba, Venezuela y República Dominicana, entre otros. ¡Cuántas anécdotas y buenos ratos hoy vienen a mi memoria! Imposible compartirlas, por cuestión de espacio, y aparte de eso, algunas no son publicables (ustedes ya nos conocen).

Tomás Dones, mi querido coach de baloncesto, un día me dijo: “José, las mejores amistades que harás en tu vida las harás en el deporte”.

¡Qué razón tenías, Tomás! Por eso hoy todo un país llora a Elliott Castro. Pero no sientan pena. Él vivió sus 68 años a plenitud y se los disfrutó como pocos. Y como nos decía en Cuba nuestro querido amigo Alfredo Pereira: “Lo baila’o nadie nos los quita”.

¡Hasta siempre mi hermanito!

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