Eduardo A. Lugo Hernández

Tribuna Invitada

Por Eduardo A. Lugo Hernández
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Cuando vote, piense en los niños

Nuestros niños y jóvenes están vulnerables, y no tienen quién los represente en estas elecciones. Las estadísticas del Instituto de Desarrollo de la Juventud (IDJ) demuestran que el 24% de la población en Puerto Rico se encuentra entre las edades de 0 a 21 años. La mayor parte de este sector no tiene inherencia en los procesos formales de política pública y muchas veces no tiene participación en procesos de toma de decisiones en las comunidades donde se involucran. El IDJ informa además que el 58% de esta población vive bajo el nivel de pobreza, lo que afecta la calidad de su educación, servicios de salud y la accesibilidad a espacios recreativos que potencien su desarrollo.

Esto ha desembocado en una pobre calidad de vida para este sector. Evidencia de eso es la nota D que se nos otorga de acuerdo al Índice de Bienestar del IDJ. Este índice contiene veintisiete indicadores; entre ellos pobreza, desempleo de los padres, familias monoparentales, maltrato de menores, beneficio del PAN, cantidad de abuelos a cargo de nietos, y cantidad de estudiantes por maestros.

¿Quiénes son algunos de los responsables de la vulnerabilidad de nuestros niños y jóvenes? La responsabilidad de nuestros gobiernos es innegable. Por décadas y a través de distintas administraciones, el Departamento de Educación no ha tenido las escuelas públicas del país preparadas para recibir a los estudiantes durante el comienzo del año escolar. Planteles con desperfectos físicos, maestros sin los materiales adecuados, escuelas que no tienen todos los maestros/as que necesitan y directores sumidos en procesos administrativos que les imposibilitan dedicarse al crecimiento del plantel y el apoyo de su facultad y estudiantes.

A eso le sumamos la corrupción rampante que ha experimentado esta dependencia y los cambios en filosofías y prioridades cada cuatro años. Además, no se puede negar el efecto negativo de la subyugación colonial del Departamento de Educación que le impone políticas públicas no efectivas, ni a tono con los más altos estándares de la educación a nivel mundial.

Otro de los males que enfrenta nuestra niñez y juventud es la violencia. Las estadísticas nos revelan que para 2013 la tasa de maltrato en la niñez era de 9.6 víctimas de maltrato por cada 1,000 niños. Esto representa 7,847 menores sufriendo de este tipo de violencia en el contexto dónde se supone se sientan más seguros.

La violencia en la niñez no se limita al maltrato, ya que incluye aquella que experimentan en las escuelas por parte de adultos y otros niños y aquella que sufren en sus comunidades. Además, otros niños sufren de abuso sexual, tráfico de seres humanos y trabajan en puntos de droga como parte de esta empresa subterránea.

Sabemos que las estadísticas no representan la totalidad de niños que experimentan maltrato u otros tipos de violencia, ya que muchos casos no son reportados y otros no son atendidos de manera adecuada por el Departamento de la Familia por falta de personal u otras fallas en el sistema.       

El sector religioso del país no se escapa de su responsabilidad de vulnerabilizar a la niñez. Aunque esta aserción puede ser controversial para muchos, las posturas del sector cristiano acerca de la educación sexual y la perspectiva de género aumentan la vulnerabilidad de niños y jóvenes a experimentar embarazos en la juventud temprana, enfermedades de transmisión sexual y a perpetuar una visión discriminatoria de la relación hombre-mujer y de la comunidad LGTB. Las mismas van en contra de toda evidencia empírica y solo se sustentan en las creencias de este sector.

La influencia del cristianismo en la formulación de política pública es innegable. Sin embargo, se ha visto más presente en asuntos relacionados a la sexualidad y al género que en los debates acerca de la educación, la pobreza, la desigualdad y la corrupción. Aunque hay iglesias que tienen iniciativas para atender algunas de estos males sociales, es evidente que su movilización a nivel político no es motivada por estos asuntos medulares en el desarrollo del país. En estos momentos de crisis económica y social es clave que este sector genere una visión distinta de su rol social, particularmente en referencia a la niñez.

En este cuadro social macabro para nuestra niñez, llega la Junta de Control Fiscal. Aunque muchos todavía estamos a la expectativa de las acciones concretas de este organismo colonial, el análisis de sus integrantes nos indica que las mismas resultarán en el despido de empleados públicos, el recorte de pensiones y otros beneficios, la consolidación de Recintos de la UPR, recortes en fondos para Organizaciones de Base Comunitaria, entre otras.

El resultado será un aumento en la tasa de desempleo y en las disparidades económicas, lo cual la investigación de organismos mundiales como la Organización Mundial de la Salud, nos indica que está relacionado con mayores niveles de violencia. Los posibles recortes amenazan con reducir los recursos humanos para nuestras escuelas (aumentando la cantidad de estudiantes por maestro) y para el Departamento de la Familia, el cual ya tiene un panorama complicado para prevenir la violencia contra la niñez y atender a aquellos que son víctimas de la misma.

Nuestra niñez, aquella que vendemos como el futuro del país, necesita con urgencia que se atiendan sus necesidades a través de políticas públicas que potencien su desarrollo saludable y seguro desde el nacimiento hasta la adultez.

Además, necesita que se generen estrategias de país para incluirla en los debates públicos, darle voz en la generación de políticas públicas e iniciativas que fomenten su desarrollo ciudadano. Una mirada a nuestro gobierno nos indica que, con pocas excepciones, este trabajo no se está realizando. El mismo muchas veces se concreta desde Organizaciones de Base Comunitaria que operan contra viento y marea para proveer apoyoa niños y sus familias; organizaciones tales como Boys and Girls Club, Escape Centro de Fortalecimiento Familiar y el Instituto de Desarrollo de la Juventud.

Si este panorama le preocupa, reflexione acerca de cómo el mismo afectará su voto el martes, 8 de noviembre.  Los niños no tienen derecho al voto, así que es usted el que tiene el poder eleccionario para elegir funcionarios de gobierno que tengan como meta defenderlos y promover su desarrollo saludable.

Lamento decirle que si su plan es votar por toda la plantilla de un partido, usted es parte del problema y sus acciones acarrean consecuencias serias para nuestra niñez. La vulnerabilidad de la niñez puertorriqueña no se resuelve con fanatismos políticos, si no con un electorado educado, consciente de las implicaciones generacionales de este momento histórico y que demuestra valentía al romper con patrones destructivos eleccionarios y de apatía hacia la acción ciudadana luego de ejercer el voto.

Por ende, cuando vote, piense en los niños, en su vulnerabilidad y si su decisión abona a generar un voto esperanzador para ellos y ellas. Luego de votar medite si sus acciones ciudadanas por los próximos cuatro años contribuyen a defender el “futuro del país”.  

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