Joseph Harrison Flores

Punto de Vista

Por Joseph Harrison Flores
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Cuarentena histórica en Puerto Rico

Hace casi 180 años, el entonces gobernador de Puerto Rico, Santiago Méndez Vigo, publicó en la Gaceta de Puerto Rico el Reglamento de Sanidad de la Isla.  El propósito principal de dicho reglamento era establecer las medidas de salud y seguridad para evitar el contagio de las personas que llegaban a la Isla en embarcaciones.  El reglamento reconocía el riesgo de salud que supondría el permitir que personas del extranjero llegaran a la Isla y responsabilizaba al capitán del barco por las pasajeros y tripulantes.  El reglamento era el resultado de lo aprendido en la pandemia de la peste bubónica.  

Los comandantes eran responsables de presentar una patente de sanidad, la cual tenía tres categorías: limpia, sospechosa y sucia.  El capitán que no presentara dicha patente era sancionado con una multa de hasta $500 pesos y el barco era colocado en una cuarentena que podrían variar de 15 a 40 días.  

Todo barco procedente de América, África, Asia o Europa se consideraba sospechoso y era mandatorio guardar una cuarentena que dependía del puerto y de la fecha de salida.  Sin embargo, si el buque que llegara de algún país de donde se tuviese noticia de epidemias contagiosas, era considerado sucio y le aplicaban las normas de cuarentena más severas.  

Los barcos puestos en cuarentena tendrían que fondear a una distancia considerable de la costa y se prohibía que cualquier persona no autorizada los abordara.  Solo personal de sanidad o el médico, en circunstancias extremas, podían abordarlo.

El reglamento también contemplaba la creación de hospitales temporales donde se trataban enfermedades infecciosas.  Estos se conocían como Lazaretos.  Los Lazaretos podrían ser barcos anclados en los muelles, casa o edificios en otros pueblos, siempre y cuando estuviesen a una distancia de la población.  El costo de habilitar y fumigar el Lazareto recaía en los enfermos que allí convalecían.  

A lo largo del Siglo XIX el reglamento de Sanidad se fue modificando y haciendo más estricto.  Todas las modificaciones establecían medidas de protección adaptadas a la nueva realidad médica existente en el país, pero en todos los casos se buscaba la protección de la población.

Con la llegada de Estados Unidos en 1898, las reglas sanitarias de dicho país fueron aplicadas a Puerto Rico.  Por orden del General Miles, en 1899 se publicó la orden general No 170, la cual establecía los parámetros para guardar cuarentena interior.  En su preámbulo, la orden planteaba que ciertas enfermedades se contagiaban fácilmente de persona a persona por medios desconocidos para la ciencia y que esto requería tomar las medidas restrictivas para evitar su contagio.  

La orden definía varias enfermedades como infecciosas incluyendo el cólera, la viruela, la difteria, pero en especial se concentraba en la fiebre amarilla.  Se requería a los médicos informar cualquier caso diagnosticado de alguna de las enfermedades infecciosas.  El lugar donde se había diagnosticado la enfermedad era señalado con un cartel amarillo con el nombre de la enfermedad y era responsabilidad del jefe de la familia asegurar que dicho letrero se mantuviera en la estructura mientras duraba la cuarentena.  No cumplir con la orden resultaría en la prisión.  Se prohibía que cualquier persona infectada saliera voluntariamente a la calle.  Si era necesario transportar a la persona en vehículos públicos, este tenía que ser desinfectado inmediatamente.  

Tan pronto una persona se reponía de la enfermedad, su casa tenía que ser completamente desinfectada bajo la supervisión de un oficial de Sanidad y las sabanas, toallas, ropa y cualquier otro efecto, tenían que ser destruidos.  El incumplimiento a la orden era castigado con multas de hasta $200 dólares o prisión de hasta 90 días.  

Vemos nuevamente cómo para poder superar la crisis hay que mirar al pasado y tomar la experiencia reconociendo que lo que vivimos hoy fue superado antes.

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