Fernando Cabanillas

Tribuna Invitada

Por Fernando Cabanillas
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Cuatro vitaminas que alimentan el cáncer

Con mucha razón dicen que la historia se repite. Este relato es sin duda fascinante. En 1947 Lucy Wills, una joven doctora británica, descubrió que una anemia común en la India era causada por la deficiencia de un nutriente, más tarde identificado como vitamina B-9, también conocido como ácido fólico o folato. La vitamina B-9 restauró la sangre de estos pacientes a la normalidad.

Para ese tiempo el Dr. Sidney Farber trabajaba en el Hospital Infantil de Boston y en un enorme salto de mucha fe y ninguna lógica, pensó que el ácido fólico podría también ayudar a restaurar la sangre de los niños con leucemia linfoblástica aguda. Pero contrario a lo que él esperaba, el ácido fólico empeoró la condición de sus pacientes pediátricos, por lo que fue duramente criticado. De los errores muchas veces surgen grandes descubrimientos, como en el caso de la penicilina. El Dr. Farber no se dio por vencido. Esta vez, descansando más en la lógica y menos en la fe ciega, se le ocurrió que si el folato era malo para la leucemia, entonces una sustancia que antagonizara el ácido fólico debía ser un buen tratamiento para este padecimiento. Eso le llevó a descubrir la importante actividad antileucémica de dos drogas que actúan en contra del ácido fólico, una conocida como aminopterina y otra como metotrexato. Y lo demás es historia. Con el pasar del tiempo se fue refinando gradualmente el tratamiento de esta leucemia infantil hasta el punto de que hoy día se puede curar al 95% de los niños con este padecimiento. Sí, señor, 95%, por si me está leyendo uno de esos naturópatas que alegan que la quimioterapia nunca ha curado un solo paciente.

Demos ahora “fast forward” del 1947 al 2009 y trasladémonos a Noruega donde se diseñó un estudio para determinar si los suplementos de vitamina B, incluyendo ácido fólico, serían capaces de mejorar la salud cardiovascular. Con este propósito, se ingresaron 6,837 sujetos en un estudio prospectivo muy riguroso y se asignaron los participantes al azar a uno de cuatro grupos: el primer grupo recibió todas las vitaminas del llamado “complejo B” que incluye ácido fólico, B-6 y B-12; al segundo grupo se le administró ácido fólico más vitamina B12; al tercero solo vitamina B-6, y el cuarto grupo solo recibió placebo (una pastilla inactiva). El estudio, publicado en Journal of American Medical Association, no demostró ningún beneficio cardiovascular pero, peor aún, los pacientes que recibieron la combinación de ácido fólico con cualquier otra vitamina B, obtuvieron un resultado inesperado: la incidencia de malignidades hematológicas fue 43% más alta comparada con las del grupo placebo. Estas malignidades incluían las leucemias.  ¿No evoca esto la experiencia del Dr. Sidney Farber?

Lo que es más importante aún, también ocurrieron otros tumores entre los cuales el más frecuente fue el de pulmón, que ocurrió 59% más comúnmente en los que consumieron vitamina B que en el grupo placebo. A pesar de la alta calidadde este ensayo prospectivo, estos resultados estuvieron engavetados durante muchos años, acumulando polvo.

Sin embargo, en el año 2000, otro grupo, esta vez en Estados Unidos, había ya comenzado un estudio con el propósito de aclarar algunos resultados equívocos acerca del mismo tema de la vitamina B y el cáncer. Y los resultados de este otro estudio se acaban de publicar el pasado 22 de agosto en la prestigiosa revista Journal of Clinical Oncology. Son todavía más alarmantes que los del estudio noruego. Los hombres que habían consumido suplementos adicionales de vitamina B-6 y B-12 por 10 años tuvieron una incidencia casi el doble de cáncer de pulmón, o sea una incidencia 100% más alta. Es importante explicar que cuando me refiero a suplementos adicionales estoy aludiendo específicamente a aquellas personas que consumieron vitaminas del tipo B en dosis más altas de lo que usualmente contiene una cápsula de multivitaminas. Curiosamente, este fenómeno solo se observó en hombres y casi exclusivamente con las vitaminas B-6 y B-12. El aumento en riesgo de cáncer de pulmón fue todavía peor en fumadores.

Este efecto nocivo de las vitaminas no se limita exclusivamente a las del complejo B. En 1996 comenzó un estudio diseñado para determinar si la vitamina A era eficaz en la prevención de cáncer de pulmón en fumadores y trabajadores expuestos al asbesto. Al completarse el estudio, se registraron resultados paradójicos con una más alta incidencia de cáncer de pulmón en aquellos tratados con Vitamina A y su precursor natural, el beta caroteno. Preocupa también el hecho de que recientemente se ha determinado que este aumento en riesgo persiste al menos seis años después de suspender el uso de estos suplementos. Los resultados de este estudio se publicaron en el Journal of the National Cancer Institute.

Y esto de las vitaminas no solo implica el cáncer de pulmón. En un estudio prospectivo denominado “SELECT” se registró una incidencia más alta de cáncer de próstata en aquellos sujetos tratados con vitamina E de 400 unidades al día, comparado con los que no recibieron ninguna.

¿Qué podemos concluir después de analizar todos estos datos? Que consumir estas vitaminas en exceso es como ir en busca de lana y salir trasquilado. El uso indiscriminado de vitaminas puede ser muy nocivo para su salud. La mayoría de los estadounidenses consumen suplementos vitamínicos innecesariamente. Al preguntarles por qué, la mayor parte responde que espera que les mejore su estado de salud. Con seguridad les digo que lo mismo ocurre en Puerto Rico. No entienden que con una dieta balanceada se pueden obtener todas las vitaminas necesarias, con la importante excepción de la vitamina D3, de la cual ya hablé en una columna previa. Si a pesar de todo, todavía usted insiste en consumir estos productos, sepa que con una sola multivitamina diaria es más que suficiente. No es necesario ni recomendable el consumo de suplementos adicionales con excepción de la vitamina D3, por sus propiedades antitumorales.

En fin, ahora ya sabré qué contestar la próxima vez que un paciente me pregunte: doctor, ¿por qué me ha dado cáncer, si todo lo que consumo es saludable y además tomo una abundante cantidad de vitaminas? Le entregaré una copia de esta columna y le aburriré con mi sermón de la moderación y del sentido común evitando dietas extremas y el exceso de vitaminas. Además, le recordaré que con lo que se ahorre en vitaminas podrá pagar una botella de vino tinto, que usado con moderación, es bastante más saludable.

Y aquel que piense que puede seguir fumando si consume vitaminas A, B-6 y B-12 para protegerse del cáncer, ya sabrá qué hacer, si es que tiene sentido común y sabe leer.

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