Mari Mari Narvaéz

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Por Mari Mari Narvaéz
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¡Cuba va!

Imposible en este momento intentar despedirnos de Fidel Castro Ruz sin evocar el heroísmo de los cubanos y las cubanas. 

Cuando, en 1953, el joven Fidel Castro Ruz dirigió el ataque al Cuartel Moncada en la ciudad de Santiago de Cuba, la suerte no estaba echada todavía. Desde el caos y la distancia de estos años, una se pregunta cómo habrá imaginado entonces el desenlace de sus hazañas, en qué momento habrá llegado a la certeza de que podía, junto a decenas de rebeldes como él, no solo luchar sino ganar, construir un país completamente nuevo, contestatario, un lugar como nunca se había visto. Tomó años de encarcelamiento, una guerra, una revolución y décadas de bloqueo económico traducidos en el sacrificio personal de millones de cubanos y cubanas; pero esos rebeldes, encabezados por Fidel, forjaron uno de los países más valientes y dignos del mundo.  

Las victorias de la Revolución cubana se han arraigado en la historia. Han permanecido y cambiado la vida de su gente para siempre. Estos 57 años de embargo a Cuba deben ser de los más desalmados y descabellados de la historia. Pero a pesar de ellos, en Cuba la gente tiene sistema de salud completamente gratuito y sobresaliente; investigación científica internacional; educación gratuita y de la más alta calidad; una sociedad segura, libre de crímenes y violencia en la calle; alimentación básica asegurada; vida y acceso cultural de clase mundial; y una voluntad de piedra para afrontar sus desafíos con unidad de propósitos y eficiencia. 

El mismo Castro admitió en varias ocasiones que los errores de la Revolución cubana fueron varios. Y han sido dolorosos. Y –como suele suceder– las personas más vulnerables los sufrieron más. Muchos de esos errores han sido enmendados. El reconocimiento de la dignidad y los derechos de las comunidades LGBTTIQ, por ejemplo. Otros tienen todavía desafíos que superar.

Mientras Estados Unidos y las grandes potencias mundiales envían ejércitos a invadir y bombardear países, los médicos cubanos han atravesado el mundo llevando su ayuda voluntaria a los lugares más necesitados. A África fueron más de 500 médicos a tratar el ébola. En Haití, no sólo se quedaron cuando todas las cámaras de televisión y los países más ricos se retiraron después de cada catástrofe. Trataron la epidemia del cólera y enviaron a cientos de haitianos, latinoamericanos, africanos y estadounidenses a hacerse médicos en Cuba.  

Así, es imposible también en este momento no dedicar un pensamiento a todos los países y personas donde se hizo expansiva, de muchas formas y por muchas vías, esa Revolución cubana de 1959. Desde Angola hasta Puerto Rico.

"Mientras haya un puertorriqueño que luche por la independencia de su patria, tendrá el apoyo de la Revolución cubana", repitió muchas veces Fidel Castro a lo largo de su vida. 

Mi padre, Juan Mari Brás, y él se conocieron en La Habana desde sus años de universitarios, cuando ya Castro militaba en la Comisión Pro Independencia de Puerto Rico de la Federación Estudiantil Universitaria. Su amistad incondicional se afianzaría con el tiempo en cada lucha, en cada instancia de mutua solidaridad. Vivieron momentos extraordinarios que papá alcanzó a contar muchas veces. Pero siempre, siempre fue en beneficio del derecho inalienable de nuestros dos países, Cuba y Puerto Rico, a defender su soberanía en el caso del primero y a la autodeterminación e independencia el segundo. Es muy paradójico pero, en Puerto Rico, casi no se conoce la verdadera historia de Cuba. Allá, sin embargo, el país conoce la historia de Puerto Rico a profundidad.   

Más de 600 veces trataron de matar a Fidel Castro y no pudieron. Ahora su partida física es inevitable. Pero Cuba no es “la Cuba de Fidel” como dicen por ahí. Las agresiones militares y paramilitares de EEUU y del exilio cubano en contra de Cuba fueron resistidas heroicamente por un pueblo valiente que ha sabido defenderse como pocos. Cuba es un país que todos los días reafirma su historia de victorias sociales y sacrificios personales. Y ha construido un sistema que produce gente muy educada, valiente y dispuesta a defender su país único en el mundo aún por encima de sus necesidades o deseos personales. Eso es muy difícil, si no imposible, de destruir. Hoy, por Fidel y por quienes ganaron con él una de las luchas más insólitas de la historia, pongo esa canción a todo volumen, “Cuba va”. 

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