Irene Garzón Fernández

DE PRIMERA MANO

Por Irene Garzón Fernández
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Cuentas claras para no repetir errores en Guaynabo

La caída del cacique político Héctor O’Neill ha convertido a Guaynabo en un botín apetitoso que se disputan quienes luchan por sustituirlo en la poltrona municipal.

Para evitar la repetición de los mismos errores, hay que analizar muy concienzudamente a los tres candidatos conocidos hasta ahora que aspiran a reemplazar al exalcalde, quien renunció bajo presión tras ser imputado de graves cargos relacionados con acoso y agresión sexual contra una empleada municipal.

Todos tienen su historia.

El senador Carmelo Ríos, el representante Antonio “Tony” Soto y el exrepresentante Ángel Pérez Otero están en carrera para dirigir el próspero municipio de Guaynabo, que durante décadas ha sido bastión del Partido Nuevo Progresista.

En una entrevista reciente con este diario, Ríos prácticamente se declaraba ganador de la contienda y recalcaba el respaldo que tiene del presidente senatorial Thomas Rivera Schatz, amigo, socio y colaborador de O’Neill, con quien comparte la afición por los carros antiguos.

Pero Ríos no es un penepé del corazón del rollo. Veamos cómo fue que llegó a convertirse en ahijado político de O’Neill y, por herencia, de Rivera Schatz.

“’Cash’melo” Ríos, como lo bautizó el fenecido exlegislador y comentarista político Benny Frankie Cerezo, era independentista y, por más señas, pipiolo. Tan es así que acudió sin éxito al entonces representante independentista Víctor García San Inocencio en busca de empleo en el Capitolio y, frustrado, como era de Guaynabo, recurrió a O’Neill, quien le dio trabajo y un nuevo ideal político: se hizo estadista.

De los tres candidatos, Soto parece ser el de mayores ingresos pues proviene de una familia de empresarios de Guaynabo. Su elección como representante en el cuatrienio anterior fue empañada por el escándalo de fraude electoral que resultó en la derrota de su correligionario Pérez Otero.

En aquella ocasión, empleados municipales de O’Neill supuestamente cambiaron fraudulentamente de dirección para poder votar por Soto en perjuicio de Pérez Otero, aunque el caso, tras una larga investigación, quedó en nada.

Pérez Otero, en tanto, ocupó durante dos cuatrienios un escaño en la Cámara de Representantes, después de laborar en la Oficina del Contralor de Puerto Rico y en la Oficina de Presupuesto de Guaynabo.

Ya en la Cámara, se casó con la también representante Liza Fernández, ahora jueza superior, lo que abrió la puerta a que se cuestionara su distrito de residencia. Fernández era representante del precinto 4 de San Juan, mientras que él representaba al distrito 6 de Guaynabo, una polémica que aprovechó O’Neill para empujar a su nuevo protegido, Tony Soto.

Ahora, Ríos, Soto y Pérez Otero, quienes en algún momento tuvieron la bendición de O’Neill, se enfrentan por la alcaldía deun municipio rico, eminentemente penepé y crucial para el control del distrito senatorial de Bayamón.

Ríos parece llevar ventaja por su cercanía con O’Neill y Rivera Schatz, pero esto podría terminar siendo un búmeran que lo perjudique en la carrera electoral, ya que la renuncia del ahora exalcalde no puso fin a las controversias sobre su gestión de 24 años en la poltrona municipal.

Una auditoría de la contralora Yesmín Valdivieso reveló esta semana serias irregularidades, entre las que se destaca el gasto de $764,695 en estatuas y zafacones sin las debidas subastas públicas.

Para complicar las cosas, la Contraloría también denunció la contratación irregular por el municipio de Guaynabo de una compañía propiedad del exalcalde de Trujillo Alto, José A. “Nía” Rivera Díaz, padre de Rivera Schatz. Rivera Díaz obtuvo contratos por $710,000 para la supervisión de tres proyectos de construcción a pesar de que su colegiación de ingeniero había sido suspendida en 2008.

Los residentes de Guaynabo ya han pasado las de Caín con el escándalo de O’Neill. Ahora van a exigir cuentas claras a quienes aspiran a sustituirlo. 

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