Bárbara I. Abadía-Rexach
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Cuerpos negros acechados por el poder

Cuando una madre manifiesta que no puede mantener la calma porque tiene un hijo negro, u otra dice que le prohíbe a su hijo negro salir solo y vestir como los negros, florecen las preocupaciones. Sobre todo, surgen interrogantes: ¿por qué el fenotipo negro intimida al poder? ¿Qué pasa por la mente de un policía blanco airado que vacía su arma de reglamento sobre una persona negra?

Si busca en un diccionario, en español o en inglés, la definición de la palabra negro (black), puede que se sorprenda de la veintena de acepciones que posee el adjetivo. O, quizás, no se asombre tanto, pues las connotaciones negativas del concepto negro se utilizan y repiten constantemente. Su uso para referirse a lo malo, feo, sucio y negativo se ha normalizado. También, atribuirles a las personas negras características negativas es una práctica regular.

Alton Sterling fue asesinado a manos de un policía que le disparó en múltiples ocasiones el 5 de julio de 2016. El asesinato ocurrió en el estado de Lousiana. Cuando Sterling recibió los disparos, según evidencia un vídeo que ha circulado por las redes sociales, estaba boca arriba tirado en el suelo. Dos policías estaban encima de él. Sterling, de 37 años de edad, era un hombre negro.

Philando Castile fue asesinado a manos de un policía que le disparó en múltiples ocasiones el 6 de julio de 2016. El asesinato ocurrió en el estado de Minnesota. Cuando Castile recibió los disparos, según relata su novia, Diamond Reynolds, en un vídeo que grabó mientras su pareja se desangraba en el auto, había una menor de 4 años observando los hechos. En el pietaje, se ve al policía apuntando con la pistola al moribundo. Castile, de 32 años de edad, era un hombre negro.

En menos de 48 horas, los corazones de dos hombres negros dejaron de latir. Sin embargo, los corazones de sus sobrevivientes siguen latiendo aceleradamente. En el recuerdo de quienes han leído las notas y han visto los vídeos publicados sobre estos dos asesinatos, quedan grabadas las imágenes del hijo de Sterling, quien irrumpió en llanto en una conferencia de prensa, y la inocente voz de la hija de la novia de Castile consolando a su madre: “It’s ok. I’m right here with you”. Los hijos de Sterling tendrán acceso a los medios de comunicación para ver la imagen de su padre tirado en el suelo y escuchar los sonidos perturbadores de los disparos que acabaron con su vida. La hija de Reynolds, posiblemente, volverá a ver el vídeo que grabó su mamá. La niña, además, tendrá el recuerdo de los disparos que culminaron con la vida de Castile y de cómo forzosamente esposaron a su mamá ante sus ojos.  

Estos dos asesinatos no son casos aislados ni extraordinarios en tanto evidencian que la criminalización contra los hombres negros está institucionalizada en Estados Unidos. La brutalidad policíaca arrebata la vida de hombres negros, arruina familias negras, desestabiliza a las madres negras que sufren a diario porque temen que sus hijos negros sean la próxima víctima de un policía blanco, preocupa a los hombres negros que dudan si van a ver crecer a su prole negra porque son perseguidos constantemente, entre otros efectos perniciosos.

  

La impunidad del sistema policial estadounidense ante los asesinatos de hombres negros plantea una forma de genocidio. Es por ello que el movimiento “Black Lives Matter” cobra sentido cada día. En la medida en que los cuerpos negros –de hombres y mujeres- sean acechados por el poder que le confiere un sistema a un individuo uniformado y entrenado para portar un arma y neutralizar a personas que representen una amenaza para la seguridad de otras, estas son las vidas que importan.

Los asesinatos de Sterling y Castile, y los de las demás personas negras, víctimas de la brutalidad policíaca, a su vez, ponen al relieve cómo un ser humano considerado distinto se convierte en amenaza. Estos hechos evidencian la realidad de la desigualdad racial y étnica. El privilegio blanco oprime la otredad.

Las puertorriqueñas y los puertorriqueños, en Estados Unidos, no deben desvincularse de esta cadena de hechos violentos. A esta comunidad, también, le ha tocado ser víctima de la brutalidad policíaca, así lo demostró el caso de Luis Rodríguez, quien fue asesinado por varios policías a la salida de un cine en Oklahoma en 2014. En el caso de la isla, existe evidencia de que en la Policía de Puerto Rico impera el uso excesivo de la fuerza contra las personas socialmente marginadas.

Hoy, fue Alton Sterling y Philando Castile; mañana, puede ser cualquier otro hombre negro, una mujer negra, una persona latina o de otra categoría que a la luz de las autoridades caucásicas represente una intimidación.

El asesinato de un hombre negro es el homicidio paulatino de toda una población vejada y oprimida, únicamente, por ser negra.  

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