Fernando Cabanillas

Tribuna Invitada

Por Fernando Cabanillas
💬 0

Cuidado con los antibióticos

La inquietante noticia me llegó el pasado 3 de agosto, por medio de un email. De inmediato me provocó una gran preocupación. Me refiero al comunicado, poco usual, de la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) que lee así:

“La FDA advierte que el antibiótico azitromicina (Zithromax, Zmax) no debe administrarse a largo plazo para prevenir una afección pulmonar inflamatoria en pacientes… que se someten a un trasplante de médula ósea alogénico” (trasplante de un donante).

¿Por qué preocupante? Son pocas las veces que la FDA interviene con una recomendación como esta, especialmente con un antibiótico que se ha usado comúnmente por los últimos 16 años para tratar infecciones respiratorias. Naturalmente, esto nos lleva a otra importante pregunta: ¿cómo nos pueden afectar este y otros antibióticos a diferentes personas, además de los trasplantados? 

El estudio al cual se refiere la FDA se diseñó para investigar la eficacia del antibiótico azitromicina administrado tres veces por semana. La idea era prevenir una complicación respiratoria seria, bronquiolitis obliterante (BO), que puede ocurrir en algunos pacientes sometidos a un trasplante de médula ósea. La idea del estudio clínico era determinar si este antibiótico podía evitar esa complicación. Para evaluar esa posibilidad, a la mitad de los pacientes se les administró el antibiótico y a la otra mitad un placebo inerte. La duración del tratamiento fue de dos años, dato muy importante como verán a continuación.

Ya se habrán imaginado que los resultados no fueron buenos. Sorprendentemente se observó un aumento inesperado en la tasa de recaídas y muerte por cáncer en los pacientes que tomaron el antibiótico, lo que provocó que los investigadores cerraran el estudio. Específicamente, se observó una recaída del cáncer en 33% de los pacientes que fueron tratados con azitromicina, en comparación con solo 21% de los pacientes que tomaron el placebo. 

Sorprende, sin embargo, que un año antes de la FDA emitir su advertencia, en agosto del año pasado, la conocida revista médica estadounidense, JAMA, había publicado ya el resultado del estudio que acabamos de discutir  y seguramente la FDA sabía del estudio y sus resultados desde mucho antes. ¿Por qué tardó tanto tiempo en lanzar la advertencia? Preocupante, ¿no?  No quisiera pensar que la letra A en la “FDA” significa apatía o arrastrar los pies. La Junta de Control Fiscal es más rápida y eficaz en estrangularnos que la FDA en protegernos. 

Pero en mi opinión, la pregunta clave y sumamente importante es ¿cómo un antibiótico hasta ahora relativamente inocuo, puede causar una recaída del cáncer y por ende la muerte? Pues creo que hay una explicación sencilla y muy factible. 

¿Qué sucede cuando tomamos un antibiótico? La bacteria causante de la infección que estamos tratando de combatir muere...y junto con ella muere una gran cantidad de espectadores inocentes, las bacterias que componen nuestra flora intestinal. A corto plazo esto no tiene consecuencias serias, porque al terminar de tomar un antibiótico, que usualmente se administra por un periodo de 7 a 10 días, la flora intestinal se recupera. Pero si abusamos de la frecuencia con que usamos el antibiótico, o si lo administramos a muy largo plazo, como fue el caso con el estudio de azitromicina, esa flora normal no se puede recuperar. ¿Y qué más da si se recupera o no? Pues muchísimo, porque estudios recientes han demostrado la importancia de la flora intestinal, al punto que ahora se piensa que el “centro de mando” del sistema inmune reside en nuestro intestino, y que la mano de obra en ese centro de mando la suplen las bacterias. Dichas bacterias producen unos ácidos grasos que actúan como moléculas mensajeras, e imparten instrucciones al sistema inmune. Lógicamente, si eliminamos esa clase obrera nos quedamos sin los mensajes estimuladores del sistema inmune. 

Hemos reconocido todos la importancia del sistema inmune en controlar el cáncer. Este punto quedó más que claro después de estudios realizados en el Hospital MD Anderson, de Houston, liderados por la Dra. Jennifer Wargo, quien encontró que pacientes tratados con inmunoterapia no respondían bien a esa medicación si su flora intestinal tenía una escasa diversidad bacteriana. Esta diversidad se empobrece con el consumo de antibióticos. Ya existen datos que prueban que después de un trasplante de medula ósea aquellos pacientes a los que se les ha administrado muchos antibióticos durante el trasplante, tenían una evolución desfavorable. 

La azitromicina se usa en más de 40 millones de pacientes al año para tratamiento de infecciones respiratorias comunes, como pulmonía y sinusitis. Claro que se utiliza mayormente en pacientes sin cáncer y por un tiempo corto, usualmente cinco días, que lo hace mucho menos peligroso en esas circunstancias. No obstante, el abuso de este y otros antibióticos es común, y a veces se usan hasta para tratar la gripe, una infección viral que no es susceptible a ese tratamiento. Muchas veces el médico lo hace por la presión que le pone el paciente, que cuando el médico rehúsa recetárselo, se busca otro que se lo recete.

Siempre que un estudio experimental sale mal, me preocupo por la mala suerte de los afectados y sus familiares pero lamentablemente los ensayos clínicos son la única forma en que podemos avanzar en la medicina y siempre existe un riesgo calculado. No avanzamos a base de testimonios o anécdotas, o exclusivamente por estudios en animales experimentales que frecuentemente no son traducibles a los humanos. Si no fuera por la investigación científica, estaríamos todavía usando sanguijuelas para tratar enfermedades serias como hacíamos en la Edad Media… y también seguiríamos prescribiendo azitromicina para evitar BO, sin habernos enterado de que podríamos estar perjudicando a los enfermos.

Esto no es un llamado a que abandonemos el uso de azitromicina ni de otros antibióticos salvavidas. Es un llamado a la cordura por parte de los médicos y también de los pacientes. Recuerden que estamos aniquilando a los grandes aliados del sistema inmune que residen en nuestras entrañas, y que sufren en primera línea el embate de los antibióticos. Espero que pronto podamos recetar una pastilla que sustituya a las bacterias buenas que mueren como espectadores inocentes del combate, pero por ahora no nos queda más remedio que ser lo más prudentes y cautelosos posible en el uso de antibióticos. 

Y un consejo final: si un buen día aparece frente a su casa uno de esos notorios vagones abandonados, lleno de antibióticos, mucha prudencia con lo que hacen con ellos. Ya están advertidos.

Otras columnas de Fernando Cabanillas

domingo, 11 de noviembre de 2018

¿Vale la pena comer alimentos orgánicos?

El doctor Fernando Cabanillas argumenta sobre los productos orgánicos y las probabilidades de que sirvan para evitar que una persona pueda o no padecer cáncer

domingo, 14 de octubre de 2018

Kryptonita contra el cáncer

El oncólogo Fernando Cabanillas señala que no hay la más mínima pizca de evidencia científica para apoyar que la fórmula del limón con bicarbonato pueda prevenir, y mucho menos tratar, el cáncer

💬Ver 0 comentarios