María de Lourdes Lara

Tribuna Invitada

Por María de Lourdes Lara
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Cultivar la confianza para desarrollar el País

¿Cómo sobrevivir a nuestro estado de angustias? ¿De qué nos agarramos cuando creemos que se nos derrumban muchos de los pocos cimientos que ordenaron nuestro estado del ser? Unos más que otros, a cada rato sucede algo que nos sacude y nos deja sin piso; desorganiza nuestro breve estado de seguridad o quietud y nos sumerge en un laberinto de incertidumbres y confusiones. ¿A quién le creemos?

La verdad, no todo es tan incierto o tan frágil. Y es posible que seamos más resilientes de lo que pensamos que somos. Quizás la pregunta sea, ¿dónde están esas competencias que nos permiten seguir saliendo adelante en momentos de crisis?

Hay dos conceptos que llaman la atención cuando se trata de buscar respuestas: el capital humano y el capital social.

Hablar de capital humano es describir el patrimonio de inteligencia y conocimiento existente en una sociedad en un momento determinado. Incluye la investigación y la innovación, la evaluación del recurso humano, la acumulación de conocimiento colectivo, los aprendizajes individuales a partir de la experiencia, las redes de conocimiento y el conjunto de posibilidades que garantizan un buen estado de salud, seguridad y perspectivas de futuro para una sociedad en su conjunto.

Hablar de capital social es aludir a las redes de relaciones entre los ciudadanos y ciudadanas en conexión con grupos externos, lo que permite aprendizajes colectivos, dinámicas de cooperación y solidaridad, visiones compartidas de futuro y la planificación participativa del desarrollo social y económico de un país.

Movernos del estado actual de estancamiento a uno de mayor prosperidad es agarrarse del patrimonio intelectual y de las redes que hemos fortalecido por décadas para seguir creciendo.

Los estudiosos del tema han traído a colación una variable adicional, central, para salir de nuestros problemas o fortalecernos aún más, y es la competencia de la confianza.

La confianza es una competencia que afecta fundamentalmente las relaciones entre las personas, los grupos, las instituciones e incluso los países. Cuando la confianza está presente, la comunicación y la solución de los problemas son relativamente fáciles.

Cuando se produce la desconfianza, las alianzas y los proyectos pueden verse considerablemente afectados. Economistas políticos de renombre internacional, como el Dr. Richard Locke, declaran que la confianza es el motor principal para el desarrollo socioeconómico de un país.

Fortalecer la confianza en las alianzas intersectoriales produce en las empresas una fuente de ventaja competitiva y de éxito seguro. La confianza es una competencia que se puede cultivar y seguir construyendo. El comportamiento basado en la confianza es un requisito previo para la producción de conocimiento y sus intercambios.

En estos momentos de mucha crisis o de poca solidaridad que vivimos en vecindarios, organizaciones o entidades públicas, es imprescindible agarrarnos de las manos para capitalizar las experiencias y conocimientos, producto de nuestro patrimonio intelectual y humano y cultivar la confianza entre todos los que proponen alternativas para echar el país adelante.

Necesitamos salir de las trincheras, de la inseguridad producida de un descargue improductivo de la violencia entre hermanos y hermanas; de los juicios “a priori” y arriesgarnos a trabajar juntos, sabiendo que hace rato estuvimos intentándolo solos y no logramos nada. Los tiempos del individualismo salvaje, del “sálvese quien pueda” no han demostrado más que destrucción y soledad colectiva.

¡Y la confianza se da entre diferentes! La confianza entre diferentes logró un Plan de Uso de Terrenos para Puerto Rico. Logró un Consejo Multisectorial para diseñar un sistema de salud sostenible y un Plan Estratégico para proteger y desarrollar la niñez temprana, entre muchos otros.

Ubuntu.

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