Jorge Schmidt Nieto

Tribuna Invitada

Por Jorge Schmidt Nieto
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Cumbre G20: parece que hay Trump para rato

Donald Trump no deja de sorprender. Nunca antes un presidente estadounidense había utilizado medios informales y públicos para comunicarse con sus homólogos. Mucho menos con su enemigo. Y lo hizo exitosamente. Aprovechó la cumbre de los 20 países más ricos del mundo en Japón para invitar, a través de un tuit, a Kim Jong-un, quien accedió gustosamente. Pero más sorprendente fue que se adentrara en territorio norcoreano, algo que ningún presidente estadounidense había hecho. Es un acierto diplomático que seguramente rendirá frutos en el electorado. 

Es que en este momento todas sus acciones, al igual que las de sus oponentes, están matizadas por el potencial efecto político en 2020. Los demócratas, por su parte, no tendrán más remedio que halagar el encuentro, a riesgo de sonar antiamericanos si lo critican. Podrían señalar que la reunión fue solo una formalidad superficial, producto de la química personal de dos líderes autoritarios. Podrían aclarar que la desnuclearización de la península coreana esta tan lejana como antes. Pero no lo harán porque el costo electoral sería devastador.

Trump también aprovechó la cumbre del G20 en Japón para reunirse con el presidente chino Xi Jinping y, de paso, bajarle el tono a la guerra comercial que él mismo declaró. Trump ha podido controlar la agenda de ese conflicto porque Jinping sabe que en una guerra de aranceles, China tiene las de perder. Es que la economía china, a diferencia de Estados Unidos, depende casi exclusivamente de sus exportaciones, que han convertido a su país en la fábrica del mundo. Trump se mostró firme, aunque dispuesto a negociar, pero en sus términos. Nada mal para un presidente que se caracteriza como impulsivo e improvisador. 

El presidente ruso Vladimir Putin también formó parte del tour diplomático. Trump sorprendió nuevamente con su respuesta jocosa a la petición de la periodista de solicitarle a Putin que no interviniera en las próximas elecciones. Dejó a un lado su habitual arrogancia y despachó la pregunta con una broma. Aunque fuera una reacción planificada de antemano, aparentó espontaneidad, desvió la atención de la pregunta y controló el potencial efecto negativo del tema. Otro acierto diplomático para un presidente poco formal y explosivo.

Trump también utilizó la cumbre para reafirmar su apoyo al príncipe saudí Mohamed bin Salman, acusado de la muerte del periodista Jamal Khashoggi en su embajada en Turquía el año pasado. Con un estrechón de manos y una foto grupal, el presidente estadounidense reintegró a bin Salman a la comunidad diplomática internacional, que lo había despreciado a raíz del asesinato del periodista. 

Le envía, además, un mensaje contundente al Congreso y le impone presión para que no apruebe la legislación pendiente que limitaría las relaciones comerciales con Arabia Saudita. Dado que bin Salman es un aliado imprescindible contra Irán en Oriente Medio, los demócratas en el Congreso acabarán alineándose con Trump para no aparecer como traidores.

En resumen, el viaje diplomático de Trump por Japón y Corea representa un éxito político para sus aspiraciones a la reelección de 2020. Si añadimos la solidez actual de la economía estadounidense y que ningún presidente ha perdido las elecciones en tales circunstancias, parece que hay Trump para rato.

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