Andrés Claudio

Punto de vista

Por Andrés Claudio
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Daddy Yankee: el poder del placer

A través de los años se puede validar una y otra vez el poder que tiene la gratificación en el comportamiento del consumidor. Resulta interesante cómo la mente juega con el sentimiento y el bolsillo, ante los estímulos de consumo que nos rodean. La música no es la excepción, dentro de una sociedad cuyos retos nos obligan a cuestionar cuáles son las prioridades que establecen la pauta en el diario vivir de nuestra isla.

En un marco económico maltrecho por malversaciones, quiebras, corrupción y vida caótica existe el poder que nos trae el placer. El mismo que trae consigo consumir aquello que nos satisface plenamente como escape ante una realidad que no podemos controlar. Es impresionante cómo los conciertos se llenan a capacidad ante la lírica de artistas urbanos como Wisin y Yandel, Ozuna y en las últimas semanas Daddy Yankee. Tiene sentido que la música siga jugando un papel tan importante, pues se convierte en el instrumento para canalizar la frustración, la falta de acción o poder, la inconformidad, o meramente el miedo. 

Los conciertos musicales se convierten en la medicina del alma. Así lo demuestran la cantidad de funciones vendidas a capacidad, que rompen récord de ventas ante la incredulidad de los economistas o expertos en el comportamiento de los consumidores. Inclusive ante los ojos atónitos de otros países que ven en Puerto Rico un país devastado aun por los estragos dejados por el huracán María. 

Pero cuando vemos el comportamiento de nuestra sociedad a través de estudios de mercado que analizan múltiples categorías, afinidades, intenciones de compra o detonantes de consumo, validamos con datos que en el fondo de las decisiones existe siempre una razón de peso. Con mis años de trabajo con muestras de consumidores a través de todo el país, y en diversos mercados del exterior siempre está la constante del placer versus la necesidad. Así, como en un juego al azar, ante la complejidad que conlleva el mercadeo y publicidad de productos para conectar y detonar la acción de la compra, existe el placer de escoger, de darse un gusto, de olvidar las penas, de desconectarse y meramente disfrutar el momento, aunque sea por un segundo.

Beber, comer, bailar, chismear, el sexo, el comprar, turistear y hasta viajar pueden ser grandes pasatiempos, o grandes problemas si se pierde control o se llega al exceso. Las prioridades dependen del marco económico individual, la realidad social inmediata, e inclusive el qué dirán. Pero esto no solo sucede en Puerto Rico. Hace unos días conversaba con un colega de América Latina y hablamos del papel de las bebidas carbonatadas de acuerdo al perfil socio económico. Una cola para la clase alta es un producto de consumo diario, para la clase media podría ser para eventos familiares, para la clase media baja para momentos o visitas especiales, y para la clase baja una recompensa luego de un mes arduo de trabajo. Las dimensiones de consumo pueden variar según la etapa social del mercado.

En Puerto Rico existen todos los escenarios: consumo responsable, consumo desmedido, consumo por necesidad, consumo por impulso y hasta el consumo por placer. Daddy Yankee rompe records de ventas, en su tierra, con su gente, y aunque el bolsillo esté maltrecho y la economía en quiebra, siempre habrá un momento para celebrar. Sus fanáticos dirán, porque yo me lo merezco, vamos con calma, a darle gasolina al placer. Pensándolo bien, hasta yo me apunto al concierto.

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