Carl Axel Soderberg

Cambio Climático en Puerto Rico

Por Carl Axel Soderberg
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Daño a nuestra infraestructura verde

La infraestructura verde comprende sistemas naturales que ofrecen servicios ambientales y al ser humano. Ejemplos de infraestructura verde son los bosques y los manglares. La definición también incluye sistemas construidos por el ser humano que involucran los recursos naturales, como, por ejemplo, techos verdes y humedales construidos.

El cambio climático ya está impactando adversamente nuestra infraestructura verde. En Puerto Rico han aumentado considerablemente los incendios forestales y los fuegos de pastizales. En la década del 2010 se registraron incendios de grandes proporciones en el Bosque del Pueblo de Adjuntas, el bosque cercano a la Academia de la Policía en Gurabo y el fuego de un área extensa de pastizales en Cayey, que tomó más de un mes para apagarlo.

Los incendios de bosques y pastizales destruyen el hábitat de muchas especies. Además, propician una mayor erosión de los terrenos, porque eliminan la vegetación como agente amortiguador de las lluvias sobre el terreno. Una mayor erosión ocasiona un mayor arrastre de sedimentos a nuestros cuerpos de agua, incluyendo los embalses y las aguas costaneras. La sedimentación de los embalses reduce la capacidad de almacenamiento de agua, propiciando su racionamiento en época de sequía. El sedimento es puro veneno para nuestros ya precarios arrecifes de coral.

Los incendios forestales y de pastizales también complican la producción de agua potable, ya que aumentan significativamente la turbiedad del agua cada vez que llueve. Estudios realizados en Estados Unidos revelan que los incendios forestales y de pastizales aumentan las concentraciones de ciertos contaminantes en las aguas que llegan a las plantas potabilizadoras.

El cambio climático aumenta la frecuencia e intensidad de huracanes y tormentas tropicales. El efecto de estos fenómenos atmosféricos sobre la infraestructura verde puede ser nefasto. Por ejemplo, de acuerdo con el Instituto de Dasonomía Tropical, el huracán María destruyó 144 millones de árboles a su paso por Puerto Rico. Los expertos estiman que tardará al menos 20 años restablecer la condición original, siempre y cuando se implante un agresivo programa de reforestación.

El impacto sobre la vida silvestre de esta destrucción masiva de árboles ha sido significativo. Un ejemplo es el gavilán de la sierra, que está en peligro de extinción. Esta ave solo anida en un árbol. De los 21 árboles de esta especie que existían antes del huracán, ahora solo existen tres.

Otro ejemplo es la emblemática cotorra puertorriqueña. Aparte de la mortandad masiva causada por el huracán sobre las cotorras en la libre comunidad en El Yunque, el Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre alertó que las cotorras ahora están más vulnerables a las aves de rapiña como el guaraguao. Esto es así porque la reducción del dosel a causa de la destrucción masiva de árboles impide que las cotorras se escondan cuando son acechadas por las aves de rapiña. 

Otro impacto de la destrucción masiva de árboles por el huracán María es el aumento dramático de la sedimentación de nuestros embalses y el aumento de los sedimentos que llegan a la costa causando la mortandad de arrecifes de coral. Recuerden que esta situación continuará por dos décadas.

Debemos implantar un programa agresivo de reforestación para reponer los 144 millones de árboles destruidos por el huracán María. La siembra de 100,000 árboles anuales por los próximos cinco años se queda muy corta de subsanar el daño. Los beneficios ecológicos y los beneficios para los que residimos en Puerto Rico son enormes. De hecho, si se involucra a las comunidades en la reforestación, podríamos fomentar la economía a nivel local, donde más se necesita, durante los próximos 20 años.


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