Nicolás Hernández Sanabria

Punto de vista

Por Nicolás Hernández Sanabria
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Debemos ayudar a los héroes y heroínas de los hospitales

Han recibido aplausos en masa, vítores y serenatas de sirenas con biombos encendidos de la Policía. Los mensajes en las redes sociales y en todos los medios son de ánimo y agradecimiento. Sin restarle importancia y reconocimiento a la labor y el riesgo que se juegan otros trabajadores y trabajadoras, como los del sector de la alimentación atendiendo al público, los profesionales de la salud siguen siendo el personal que lucha en primera fila para salvar la vida de miles de pacientes con COVID-19.

A medida que nos acercamos al pico en la pandemia en Puerto Rico, la ansiedad, el miedo y la incertidumbre alcanzan niveles elevados en el personal de la salud. Las doctoras y los doctores, los profesionales de enfermería, terapistas respiratorios, flevotomistas, técnicos de Rayos X, el personal de limpieza, el personal administrativo y toda persona que labora en los hospitales o centros de salud son quienes reciben a los afectados por el COVID 19, poniendo en riesgo su vida para ayudar a otros. 

Todos los estudios lo señalan, ellos y ellas son los que tienen mayor riesgo de consecuencias emocionales.

En psiquiatría sabemos que luego de una hazaña heroica de salvamento, los rescatistas están en mayor riesgo de sufrir trastornos psiquiátricos que los protagonistas de un desastre.  

La literatura médica señala que el 11% de los profesionales de la salud presentará síntomas de ansiedad, depresión, hostilidad y síntomas de somatización durante la cuarentena. 

Muchos vivirán con miedo de infectarse. Durante la pandemia del SARS, el 10% de los proveedores de la salud presentó Trastorno de Estrés Post Traumático (PTSD, por sus siglas en inglés). 

En comparación con los médicos, el profesional de enfermería tuvo una mayor prevalencia en presentar PTSD. Además, el personal sanitario fue el que más reportó agotamiento extremo, desconexión de otras personas, ansiedad para manejar pacientes con fiebre en su trabajo, irritabilidad, insomnio, pobre concentración e inseguridad al tomar decisiones.  

Otro estudio registró síntomas de PTSD en empleados de hospitales aún tres años después de la cuarentena. En una revisión de literatura publicada en la revista Lancet, el 60% de los empleados de hospital que reportaron síntomas elevados de depresión pertenecía al grupo que vivió  la  cuarentena, comparados con los que no estuvieron en ese aislamiento en aquella pandemia.

Les trabajadores de la salud se quedan con una conducta de evitación. Esto quiere decir que minimizan el contacto con pacientes que pudieran ser sospechosos de padecer una enfermedad contagiosa, o no los ven  y se ausentan del trabajo, incluso luego de suspenderse la cuarentena.  

Como vemos, el impacto emocional en el personal de la salud persistirá incluso después que la pandemia deje de ser un peligro general. Sucede que los casos de infección continuarán, aunque en menor grado, y llegarán a los centros de salud y hospitales. Y cuando el peligro en la calle disminuye, en los hospitales continúa. 

La prensa internacional y la local han reseñado la respuesta inicial de los llamados directores de la empresa de la salud ante el desafío del COVID-19. El factor económico se antepuso al salubrista. 

En Puerto Rico se ha despedido a personal profesional de enfermería que hoy emigra a Estados Unidos para obtener sueldos triplicados por la emergencia.  El sistema de la “empresa de salud” en la pandemia avivó el conflicto de poder entre administradores y médicos. Este otro virus con el que el personal de la salud ha tenido que lidiar fue el causante de la ambigüedad en directrices sobre el uso de mascarillas y material protector, que en algunas dependencias hasta quedó prohibido en Estados Unidos y la isla. El hecho se asoció como factor para el aumento de contagio de personal de salud en diversos hospitales. 

Hoy vemos que la respuesta fallida de las autoridades chinas, después que el oftalmólogo Dr. Li Wenliang advirtió sobre el brote de un nuevo SARS, se ha repetido en el resto del planeta.  La intransigencia política, administrativa y empresarial ha puesto en riesgo a quienes defienden y luchan por controlar y erradicar enfermedades, y procurar el restablecimiento de los pacientes.

Un “meme” sobre los médicos españoles destaca el mensaje “no quiero aplausos, quiero mascarillas”. Hoy urge recalcar que los empleados de hospitales y profesionales de la salud requieren mayor atención y protecciones.  Ellos y ellas nos cuidan día y noche. Necesitan mayor vigilancia sobre su respuesta emocional durante esta crisis y posteriormente también. 

La literatura aplicable recomienda: 

1. Asegurar y exigir todo el equipo protector en los centros de trabajo de los hospitales y mantener una comunicación clara sobre los procedimientos de precaución.

2. Los administradores, gerentes y directores médicos deben mantener la retroalimentación y el apoyo al personal y entre colegas.

3. No victimizar a la víctima. La primera víctima identificada en un centro de trabajo no es el villano que trajo la enfermedad. Esto es una pandemia causada por un virus altamente contagioso.  

4. Se recomienda no ordenar doblar turnos y garantizar días de descanso adecuado para el personal que trabaja con poblaciones en riesgo.

5. Se debe mantener un protocolo de regreso al hogar para que el empleado pueda cambiarse de ropa y desinfectarse antes de interactuar con la familia. Esto minimiza el miedo a infectar a sus familiares.

6. Se sugiere evitar leer y ver noticias polémicas o contenido de enfoque estéril. Urge maximizar el tiempo de relajación. 

7. Se recomienda practicar ejercicios de respiración a diario para fomentar la relajación. El yoga y la meditación son herramientas útiles.

8. Es crucial tener buena higiene, y dormir adecuadamente.

9. Se debe practicar y fomentar el humor entre colegas.

10. El “mindfulness” es un proceso psicológico mediante el cual nos mantenemos en el aquí y el ahora, evitando la ansiedad de lo que pudiera pasar en el futuro.  Usar la meditación y las técnicas de relajación para lograr una armonía emocional.

11. Finalmente, la espiritualidad y los ritos religiosos que cada profesional de la salud profese también son necesarios en este momento.

Si eres un profesional de la salud y has sido diagnosticado con COVID-19 o tienes temor a estar infectado, recuerda que más del 80% de los infectados sobrepasará la enfermedad de manera leve o de forma asintomática, y en estos casos, al final se gana inmunidad. 

Notifica de forma temprana cualquier síntoma o sospecha de contagio en tu centro de trabajo y solicita ayuda emocional, si así lo requieres. Al final todos aplaudiremos juntos.

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