Fernando Cabanillas

Consejos de cabecera

Por Fernando Cabanillas
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¿Debo o no debo tomar una aspirina diaria?

Por décadas se nos ha hablado repetidamente de la gran ventaja de tomar una aspirina de “baby” diariamente para evitar infartos.  Un reciente artículo por el Dr. Marco Valgimigli, de la Universidad de Bern en Suiza, capturó mi atención por su llamativo título en una comedida revista científica. El título es “La destacada historia de una droga maravillosa, que ahora llega a su fin en el ámbito de la prevención primaria: ¡adiós a la aspirina!”

¿En realidad ha llegado la hora de decirle un adiós absoluto a la aspirina? La aspirina nació hace 124 años y es, hasta el día de hoy, el medicamento más utilizado en el mundo entero, pero al abrir la nueva década del 2020, la situación empieza a cambiar. Veamos de qué trata el artículo. Hemos de ser cuidadosos y analizarlo bien. Empecemos por leer nuevamente el título. Fíjense que se refiere específicamente al “ámbito de la prevención primaria”. No se trata de la aspirina para dolores de cabeza y otros males. Tampoco se trata de prevención secundaria donde todavía sigue vigente como les explicaré más adelante. Es preciso definir el significado de prevención primaria y en este caso específico, prevención cardiovascular primaria. Esta se refiere a personas sin historial previo de enfermedad cardiaca, en las cuales intentamos evitar infartos del corazón y derrames cerebrales utilizando nuevos estilos de vida y aplicando técnicas como el uso diario de aspirina. La prevención secundaria es lo mismo, pero se aplica en personas con un historial previo de estas enfermedades, quienes lógicamente tienen mayor riesgo.

En el escrito de Valgimigli, él emite su opinión acerca de un artículo del Dr. Ahmed Mahmoud de la Universidad de Florida, publicado en el mismo número de esa revista. Dicho artículo consiste en un análisis de 11 estudios prospectivos previamente publicados, que incluyeron 157,428 sujetos sin historial previo de enfermedad cardiovascular. La mitad recibió aspirina y la otra mitad no. El análisis de estos estudios reveló hallazgos algo sorprendentes. Como de esperarse, la frecuencia de infartos cardiacos fue algo menor en los que tomaban aspirina. Sin embargo, los investigadores concluyeron que no es recomendable usar la prevención primaria con aspirina, pues a pesar de que la incidencia de infartos cardiacos fue menor, la mortalidad no se redujo. La explicación es relativamente sencilla: la aspirina actúa como un anticoagulante y de esa forma evita los coágulos que ocluyen las arterias coronarias y dan lugar a los infartos. Los investigadores encontraron que la ventaja ganada por la prevención de infartos se perdía al aumentar la frecuencia de hemorragias, incluyendo sangrados intracerebrales que ocurrieron en una de cada 250 personas tratadas. En otras palabras, la disminución en la frecuencia de infartos otorgada por la aspirina viene con un costo demasiado alto: las hemorragias serias, algunas veces letales. Además, otro dato que explica en parte los resultados nulos de la aspirina es que, en esta época moderna, muchas personas sanas, pero con elevación del colesterol o triglicéridos, ya están siendo tratadas con alguna estatina como Lipitor o Zocor. Es harto conocido que la incidencia de infartos cardiacos se reduce significativamente en personas recibiendo estos fármacos, de modo que ya comienzan con esa ventaja antes de empezar a tomar aspirina. De hecho, de los 11 estudios analizados, en solo tres se observó una disminución de infartos y esto ocurrió mayormente en aquellos estudios que incluían pocos pacientes recibiendo estatinas.  Por tanto, en este caso no podemos alegar que “los médicos un día nos recomiendan algo y al otro día nos dicen lo contrario”. Eso puede ocurrir porque los resultados de los estudios pueden cambiar a la par con los tiempos y las circunstancias.

¿Y cómo aplica esto a la prevención primaria en los diabéticos? Sabemos que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de complicaciones y mortalidad en diabéticos, por tanto, es muy lógico considerar la prevención. La Asociación Americana de Diabetes respalda el uso de aspirina como prevención primaria solamente para diabéticos con alto riesgo de complicaciones cardiovasculares “después de informar al paciente sobre los beneficios versus el aumento del riesgo de hemorragias”. 

La Asociación Americana del Corazón rechaza, sin excepción alguna, el uso de aspirina como prevención primaria en sujetos mayores de 70 años, debido al riesgo de hemorragias a esa edad. Solo la recomienda para personas entre 40 a 70 años. Ellos aceptan los datos en cuanto a la futilidad de la prevención primaria con aspirina en la mayoría de los casos, incluyendo diabéticos. Sin embargo, nos advierten que es difícil para los médicos pesar los beneficios versus los daños de la aspirina. Por tanto, recomiendan tomar en consideración ciertos factores de alto riesgo como un historial familiar de infartos prematuros y la presencia de calcificaciones en las arterias coronarias. El problema con estas últimas recomendaciones es que son opiniones razonables, pero no basadas en estudios científicos. Si se ponen a prueba y resulta que fallan, tendrán que retractarlas. En diabéticos sobre 40 años recomiendan el uso rutinario de estatinas, aun con colesterol normal. 

El consumo de aspirina como prevención primaria parece haber llegado a su final en la mayoría de los casos, no obstante, esta medicina sigue siendo útil como prevención secundaria, o sea, en pacientes previamente diagnosticados con enfermedades cardiovasculares. No solo la aspirina es efectiva como prevención secundaria, sino que es una medicina sumamente versátil. Se ha usado para dolores de cabeza, de muelas y para la artritis. Es excelente para bajar la fiebre e inclusive hasta puede ayudar a reducir el riesgo del cáncer de colon.

Tan versátil es la aspirina, que un antiguo profesor mío de ginecología la recomendaba como contraceptivo, pero en su opinión no es eficaz tomarla por boca. Su efecto óptimo como contraceptivo solo se manifiesta si se mantiene la tableta pillada entre las dos rodillas, en el momento indicado.

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