Jon Borschow

Punto de vista

Por Jon Borschow
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De carambola en Culebra

La carambola es un árbol oriundo de la India que produce una fruta que al trozarla se aprecia en forma de estrellas. También es un juego de billar que se juega sin palos. Además, se llama carambola a algo que nos pasa por casualidad, chiripa o chamba. De carambola, me invitaron a un paseíto en avioneta a Culebra.

De carambola, en el aeropuertito nos encontramos con una pareja. Nos invitaron a su casa en Culebra y terminamos pasando el día con ellos y sus amigos, conocidos nuestros de San Juan. El anfitrión se transformó en chef y nos preparó un magnífico almuerzo. Sin embargo, a una de las parejas –con espíritu aventurero– le dio antojo de comer alcapurrias y se fue al pueblo a buscarlas.

Pasó un tiempo y no aparecían ni los amigos ni las alcapurrias, así que continuamos con el almuerzo y la conversación en torno a temas variados sobre cómo las neuronas reparan el ADN mientras dormimos y cómo, post-María, una fundación local está trabajando con prácticas meditativas para restaurar la salud mental de algunos residentes afectados. En el diálogo trascendió cómo se habían hecho cargo de la clínica de salud devastada, cómo la escuela se estaba mejorando para hacerla más resiliente, cómo unos jóvenes locales se estaban preparando para ser maestros en Culebra y cómo se pensaba proveer alojamiento seguro a personal médico y a educadores.

Mientras disfrutábamos el postre —queso del país hecho en casa con salsa de ajíes y tomates del patio— aparecieron los amigos “perdidos”. Estuvieron buscando alcapurrias por toda la isla, pero no quedaban. Entonces, contaron que, de carambola, se encontraron con alguien que les ofreció prepararlas desde cero. Se dieron a la tarea y prepararon el manjar boricua. Así que nos tocó un segundo almuerzo porque ¿quién puede negarse a unas alcapurrias de jueyes recién hechas? Era como comerse un milagro.

Luego hablamos sobre cómo podíamos desarrollar a Culebra como destino de experiencias para el deleite del mundo, pero protegiendo su belleza y su autenticidad. Argumentamos sobre cómo la maravillosa playa de Flamenco se podía preparar para recibir nuevos visitantes para vivir experiencias auténticas, gastronómicas y culturales. Dialogamos cómo se aceleraría el desarrollo del destino de Culebrita, restaurando el faro y las veredas, y cómo se pensaba formar un colectivo de lanchas locales para llevar los visitantes desde Flamenco a Culebrita.

Ya más de una veintena de organizaciones locales nos han compartido sus visiones y estrategias para fortalecer el destino de Culebra, destacando las artes plásticas y musicales, la cultura y la historia.

En la visita también hablamos de la fragilidad del vínculo crítico —marítimo y aéreo— con la Isla Grande, la urgencia de atender el servicio de lanchas de Ceiba para que exista la capacidad de conexión, en buenos y malos tiempo, tanto para pasajeros como para carga. Que el servicio se brindeen horarios confiables, para que los residentes, visitantes y trabajadores puedan viajar sin escollos.

Supe que estaba aún pendiente la restauración del cable de energía eléctrica que viene desde Vieques. ¡Culebra todavía está funcionando con planta! Todo mientras la economía total de esta pequeña isla se basa en el flujo de visitantes. Lo más interesante de todo es que Puerto Rico como destino, su marca, reputación e imagen a través del mundo, se nutre de la existencia de tesoros como Culebra y sus playas, de Vieques y su bahía bioluminiscente y de La Mona y su prístina reserva natural.

Finalmente, llegué a entender cómo Culebra se logra preservar como el único lugar de Puerto Rico donde no hay criminalidad y donde el cariño y el sentido de comunidad prevalecen. La esencia vital de Culebra es su saludable ambiente psicosocial. Puerto Rico puede aprender mucho de Culebra y de cuán importante para nuestra resiliencia es la salud del organismo comunitario.

Llegando a casa en San Juan esa noche, ¿qué nos esperaba? ¡Pues refresco – de carambola!

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