Esteban Pagán Rivera

Prórroga

Por Esteban Pagán Rivera
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Dejen a Derek Jeter trabajar

Los entrenamientos primaverales de Grandes Ligas son esa época del año en la que todos los equipos piensan que tienen oportunidad de ir a la postemporada. Aún no se ha disputado un juego oficial y todas las novenas tienen marca idéntica de 0-0. Todo es felicidad.

Pero este año hay una excepción: los Marlins de Miami, quienes sin haber salido al diamante, ya muchos expertos vaticinan que perderán más de 100 juegos.

Bajo la luz de los reflectores está el legendario expelotero de los Yankees, Derek Jeter, quien asumió las riendas de los Marlins como presidente y rostro del nuevo grupo de dueños, quienes compraron la franquicia por $1,200 millones a Jeffrey Loria.

Tan pronto llegó Jeter y su grupo, copiaron la peor práctica de Loria, quien se había ganado el desprecio de Miami —pese a traer un título de Serie Mundial en el 2003— por continuamente desmantelar el equipo. Jeter salió de sus ‘caballos’ en un intento por ahorrar dinero y reconstruir un alicaído sistema de finca. Giancarlo Stanton (MVP de la Liga Nacional), Dee Gordon, Christian Yelich y Marcell Ozuna hicieron las maletas, destruyendo un sólido núcleo que, para muchos entendidos, tenía futuro de optar por una plaza a los playoffs. Hasta la mascota y figuras importantes de la gerencia fueron sacados.

Jeter, de trayectoria intachable como pelotero, pareció comenzar su recorrido como ejecutivo con más críticas que halagos.

Pero, pregunto, ¿qué desmanteló Jeter? Miami no ha tenido una temporada ganadora desde el 2009, y ni siquiera los 59 jonrones de Stanton el año pasado resultaron en un récord positivo, terminando con 77-85. Los críticos de Jeter dicen que los Marlins estaban a uno o dos lanzadores abridores de calibre para llegar a la postemporada, pero ni eso te asegura ganar un título divisional ante los Nacionales de Washington ni un espacio en el comodín con una Liga Nacional que está repleta de buenos equipos en las divisiones Central y Oeste. El propio Stanton, propenso a lesiones —se perdió 131 juegos combinados en el 2015 y 2016 antes de jugar 159 el año pasado— todavía tiene mucho camino para demostrar que vale los $295 millones que aún se le deben de su contrato.

Jeter está siguiendo la línea trazada por recientes campeones de Serie Mundial: fortalecer el sistema de finca y evitar enormes deudas con jugadores. Y no destruyó un equipo que tenía altas expectativas. Hay que dejarlo trabajar.

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