Ramón Luis Cruz Burgos

Tribuna Invitada

Por Ramón Luis Cruz Burgos
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De lo moderno a lo obsoleto en la AEE

Lo moderno se define casi a diario con lo novel. De ahí que la innovación que producen los adelantos tecnológicos en cada renglón de nuestras vidas sea lo que nos mantiene al día. Aquellos que se rezagan en ese proceso, pasan a ser partes de lo obsoleto. Nos ocurre con los teléfonos, con los vehículos. Le ocurre a los comercios que sucumben a la red cibernética y se ven obligados a cerrar operaciones. En el ámbito industrial, los cambios son el motivo de fuertes inversiones para ajustarse a nuevas tecnologías.

Desde el punto de vista de Puerto Rico, logramos entrar a lo moderno cuando las inversiones públicas se destinaron a electrificar el País, a llevar agua potable y a establecer dos redes vitales de comunicación: la telefónica y las vías públicas. Ese esfuerzo fue la política pública de un gobierno decidido a cambiar las condiciones de vida de nuestra gente, con el celo de logarlo responsablemente; es decir, con inversiones en lo fundamental, la educación, la salud y la infraestructura como elemento indispensable del desarrollo económico.

Uno de los puntales del proceso de modernización de Puerto Rico, fue gracias a lo que hoy se conoce como la Autoridad de Energía Eléctrica y la visión de miles de puertorriqueños por décadas. Sin embargo, alcanzada la electrificación del País, lograda la estabilidad en la generación de electricidad, llegó la complacencia que provocó limitar la visión y la inversión en nuevos adelantos o en los correctos. De ahí, que el implacable tiempo se encargase de que diéramos un vuelco de lo moderno a lo obsoleto. El problema no es llegar a un estado de virtualmente obsoleto, sino lo que se hace.

El resultado es un sistema eléctrico vulnerable. La infraestructura eléctrica de Puerto Rico se desmorona ante nuestros ojos. Los datos son demoledores: el 68% de los municipios tiene interrupciones del servicio eléctrico en 6 días consecutivos; en ese tiempo, sólo 4 municipios no tuvieron apagones; diariamente, el 65% de los municipios se queda sin servicio; de lunes a viernes. Los números son aterradores. Estos datos dependen de los clientes de la AEE que reporten las fallas. Sabemos que los bajones de luz o las interrupciones menos duraderas no son reportadas.

Cuando hice las denuncias, en ambas instancias, la respuesta del gobierno tomó forma de fuertes críticas de corte partidista y la consabida negación de la realidad.Tres fueron las interrogantes que dejé planteadas: si era un esfuerzo concertado para mover la opinión pública a la privatización de la AEE como medida de obtener dinero para atender asuntos inmediatos; si era un esfuerzo de apagones selectivos para reducir costos operacionales; o, si realmente es que el sistema está tan vulnerable que la estabilidad en la operación diaria es imposible.

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