Ana Lydia Vega

A Cuatro Ojos

Por Ana Lydia Vega
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Del plebimito al plebifrito

Si no fuera tan patética, la inminente monoconsulta de estatus podría hasta resultar divertida. Advierto, malpensados, que el término monoconsulta, sinónimo de uniencuesta, no pretende asociar el nuevo plebiscito criollo con los ritos sociales de los nobles simios. Aclarado el punto, retomo mi tema.

De no ser porque nos va a costar casi ocho millones de verdes en medio de una pelambrera radical, la votación del próximo domingo podría verse como el evento culminante de una serie de aspavientos cómicos. Repasemos ahora unos cuantos, cuestión de reír para no llorar.

Todo empezó en enero con la radicación en el Congreso de los Estados Unidos del famoso “proyecto de admisión” sin auspiciadores. En la mejor tradición del “fastraqueo” penepeísta, el documento declaraba al 2025 año límite para el advenimiento triunfal de la verdadera unión permanente. Como el histórico suceso pasó inadvertido en Washington, lo único memorable fue la simulación mediática del juramento de la Comisionada Residente bajo la mirada azul hielo de Paul Ryan.

Después de ese simpático pero intrascendente montaje, llegó la “Ley para la descolonización inmediata de Puerto Rico”. No sé si por descuido, olvido o mala pata, el número siete asignado a dicha ley es el mismo de aquel ingrato engendro legislativo de Luis Fortuño que tantos despidos de empleados públicos provocó. Pese a ese inquietante recuerdo, el adjetivo “inmediata”, que imprime una cierta urgencia a la gesta descolonizadora, no deja de mover a la sonrisa.

En febrero, se produjeron dos acontecimientos a los que sólo la mezquindad podría negarles el rango de épicos. Me refiero al piadoso decreto de ayuno y oración del presidente de la Cámara, Johnny Méndez, y a la gloriosa marcha “Partiendo a la colonia por el medio” de su colega y correligionario, el honorable José Aponte.

Con el éxito del ayuno oficialista, la tradicional dieta bíblica de los cuarenta días volvió a ponerse de moda. Según escuché en la radio, hay inclusive planes de promoverla en Haití y Venezuela (donde hace rato que la vienen practicando). Sobre la raquítica marcha liderada por Aponte, me limitaré a cederle la palabra a don Manuel Natal, autor de una novedosa teoría político-matemática: “Si partes por la mitad a la colonia, en vez de una, tendrás dos”.

Del nutrido arsenal de embelecos del PNP, el que mayor expectativa ha creado es, sin lugar a dudas, el “Plan Tenesí”. La grandiosa “Ley por la Igualdad y Representación Congresional de los Ciudadanos Americanos de Puerto Rico” dispone la designación de dos senadores y cinco representantes de embuste para que vayan a calentar sillas y josear influencias en Capitol Hill. Y todo con la frágil esperanza de que esas vacaciones extendidas, financiadas por los contribuyentes puertorriqueños, desemboquen en la conquista del escurridizo ideal.

Pero la pícara estrategia no es infalible. A decir verdad, el Distrito de Columbia está en esa brega desde la década del 90. “Shadow congressmen”: así llaman a las sombras fantasmales que rondan por los pasillos capitolinos entre bolsillos gordos y oídos sordos. Mi humilde recomendación a los futuros ejecutantes del “Plan Tenesí” es que eviten a toda costa sentarse en la célebre “Ladies Gallery”. Fue desde allí que el comando nacionalista de Lolita Lebrón les dio un saludo de cortesía a los congresistas en l954.

Aquí entre nos, el Departamento de Justicia gringo le ha dado largas y lentas a la validación de la segunda papeleta que corrieron a someterle sus abnegados súbditos coloniales. ¿Será que a Mister Sessions no le emociona tanto como al liderato de la palma la perspectiva de un estado latino, mestizo y quebrado? En ese caso, ni un 200 por ciento a favor de la estadidad sería mayoría suficiente. En la soledad fúnebre de una oficina federal vacía, aquella conferencia del “Statehood Threesome” fue una auténtica oda a la desolación.

El plebiscito, que siempre ha sido plebimito, va camino a convertirse en plebifrito. La sosera ambiental que se percibe le baja la nota a cualquiera. La depre generalizada ante el desastre económico no ayuda. Tampoco la aprobación de una legislación antiobrera. Pero, a falta de entusiasmo, venga el miedo. El PNP debería besarles los pies a los encapuchados del primero de mayo, que le han inyectado un poco de pasión a una campaña totalmente soporífera.

La certeza de un copo sin competencia liquidó el suspenso. El boicot de la oposición privó al electorado de su adrenalina deportiva. Los grupúsculos que se han prestado para representar a la independencia y la libreasociación no inspiran. Y lo que circula de boca en boca es el presentimiento fatídico del vaciado de listas.

En fin, que los caciques estadistas no deben estar como para un “after-party” en el Euforia Lounge. ¿Será que el retorno de Oscar, el Desfile boricua y la huelga de la Iupi les han deslucido su apoteosis yankófila? ¿O será que, “deep inside”, se han dado cuenta de que el paraíso de los diez mil millones extras no es más que un sueño de acceso controlado?

Ánimo, compatriotas. Al menos no habrá ley seca.

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