Esteban Pagán Rivera

Prórroga

Por Esteban Pagán Rivera
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Del sueño a la realidad en el deporte

Soñar: “Discurrir fantásticamente y dar por cierto y seguro lo que no lo es”... “Anhelar persistentemente algo”.

Esas son dos de las definiciones que la Real Academia Española otorga a esa palabra que tanto usamos en el día a día, pero también en el argot deportivo. La palabra volvió a cobrar notoriedad esta semana, específicamente en la Liga de Campeones de Europa, cuando el Sevilla Fútbol Club eliminó el martes al Manchester United en los octavos de final. El conjunto sevillista ganó por 2-1 en el hogar el United, Old Trafford, un estadio también conocido como el “Teatro de los Sueños”, apodo que le dio el exfutbolista Bobby Charlton por ser un lugar donde uno persigue sus sueños y la felicidad.

El miércoles miles de sevillanos se levantaron en un trance de felicidad. Su equipo avanzó por primera vez a cuartos de final de la Champions en 60 años y eliminó a un Manchester United que los triplica en presupuesto y que tiene el aura de ser un tres veces monarca europeo. El Sevilla, en cambio, había caído en sus tres oportunidades previas en octavos de final de maneras dolorosas.

Quizás solo en Sevilla se atrevieron a pronosticar que su equipo conquistaría Old Trafford. Los futbolistas se lo creyeron, dominaron a los llamados “diablos rojos” y fueron ellos los que terminaron bailando en la tarima del Teatro de los Sueños.

La historia reciente del deporte está llena de soñadores que convirtieron esa ilusión en una realidad. El 2016, por ejemplo, podría recordarse como el “año de los soñadores”. En el 2016, los Cachorros ganaron su primera Serie Mundial en 108 años al remontar una desventaja de 3-1 ante los Indios de Cleveland; los Cavaliers ganaron su primer título de la NBA al superar a los ultra favoritos Warriors; y en el fútbol inglés el Leicester ganó la Premier por primera vez en sus 134 años de historia. Hasta en Puerto Rico se cumplió un sueño deportivo en el 2016 al Mónica Puig darle a la isla su primera medalla de oro olímpica.

Todas esas gestas, incluyendo la del Sevilla este año, tienen un denominador común: fueron precedidas por largos años de sinsabores y frustraciones; épocas en las que solo se podía soñar con tiempos distintos.

Así que el deporte nos ha demostrado que soñar no cuesta nada, y que tras tiempos oscuros —por más clichoso que suene—, vendrán derroches de alegría. Una de muchas enseñanzas del deporte que podemos aplicar en nuestro diario vivir, especialmente en el Puerto Rico que vivimos hoy.

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