Migdonio Hernández

Punto de vista

Por Migdonio Hernández
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¿Democracia para quién en Puerto Rico?

Resulta indignante la forma en que se produce legislación en Puerto Rico. La clase política dominante del país, más que asumir un rol de representatividad del pueblo, se presta para arrimar la brasa a sus intereses particulares. 

En estos días ambas cámaras aprobaron dos proyectos de ley de trascendental importancia en el ámbito de derechos individuales y de participación democrática. El nuevo Código Civil y la nueva Ley Electoral ponen en evidencia que en Puerto Rico se vive un déficit de verdadera democracia participativa donde las voces disidentes y el consenso no tienen espacio. 

La democracia es una forma de gobierno donde el poder es ejercido por el pueblo. Uno de los mecanismo para validar esto, dentro de las tres ramas de poder republicano es el legislativo (la Cámara de Representes y el Senado). En teoría, los legisladores son las voces del pueblo y por lo tanto su legislación tiene que atemperarse a los valores, creencias, necesidades e intereses de sus constituyentes. Es ahí donde se pone en evidencia el profundo déficit de democrática que sufre nuestro país. Si observamos con profundidad la composición de estos dos cuerpos deliberativos, nos damos cuenta de que no existe una verdadera y equitativa representación de los diversos sectores que componen nuestra sociedad. Los mismos se han convertido en la madriguera para políticos de profesión y buscones particulares con la intensión de forzar legislación a favor de sus propios intereses.

Como muestra, un botón basta. Un partido político que gobierna con el 41 por ciento de favor electoral no tiene validación para gobernar y legislar arbitrariamente. No podemos permitir que el nuevo Código Civil se convierta en ley, ya que ha sido amañado por intereses particulares y desafortunadamente de corte religioso fundamentalista. 

Citando al senador Juan Dalmau: “es un proyecto cuyo lenguaje en los aspectos particularmente de derechos de personas y familias retiene lenguaje excluyente, en donde me parece que un código de esta naturaleza debería adoptar los lenguajes necesarios de jurisdicciones progresistas, donde el fundamento del derecho está dirigido a la protección más absoluta del derecho humano”.  

De igual forma, la nueva Ley Electoral desplaza el derecho de las minorías políticas y el consenso. Además, pone en peligro el principio del sufragio al abrir una ventana de incertidumbres sobre el voto ausente y por internet.  También, pretende cargar los topos en favor del PNP poniendo bajo su control los procesos electorales. 

Nos quedan grandes retos que enfrentar. Los que son del orden natural, hemos aprendido a manejarlos. Aquellos de orden político, tenemos que aprender a controlarlos. Debemos hacer de la democracia lo que en esencia debe ser, asumir  el poder que  le corresponde al pueblo (“démos” - “Krátos”). 

Pensando en el futuro, las palabras de Nelson Mandela  ponen en justo contexto lo que deber ser nuestro criterio de elección a la hora de decidir quién debe representarnos: “Un hombre que le arrebata la libertad a otro es un prisionero del odio; está encerrado tras los barrotes del prejuicio y de la estrechez mental”

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