Néstor Méndez Gómez

Punto de vista

Por Néstor Méndez Gómez
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Democracia verdadera: instituciones independientes

La renuncia de un gobernador a año y medio de las próximas elecciones no es algo a celebrarse. Refleja un gran fracaso en la gobernanza pública. Pero también podría ser una inflexión en el camino hacia un verdadero sistema democrático en nuestra isla.

Por demasiado tiempo, aquí y muchas otras llamadas “democracias”, el tener elecciones, elegir un gobernador o presidente, con asambleas legislativas se ha equiparado a tener democracia. Pero Cuba, la Venezuela de Maduro, China y Rusia tienen elecciones. ¿Eso las hace verdaderas democracias? En China y Cuba las elecciones las controlan un único partido; en Venezuela, Rusia o hasta en Turquía sus dirigentes encarcelan a opositores políticos con el beneplácito de asambleas legislativas o tribunales que le responden políticamente.

Aquí no sucede eso, pero tenemos partidos que controlan totalmente a los candidatos a puestos públicos (con una honrosa excepción: el senador Vargas Vidot). Claro, también tenemos una Junta no electa que controla el presupuesto del país, como resultado de nuestra relación política con Estados Unidos.

Pero si mañana fuéramos independientes o un estado de los Estados Unidos, ¿tendríamos verdadera democracia de un día para otro? La verdadera democracia solo puede existir donde, aparte de los partidos y candidatos que compitan en elecciones para formar un gobierno, coexistan instituciones independientes que se enfrenten al afán partidista. Los políticos y sus partidos (aquí o en cualquier parte del mundo), como dijo el exdecano Carlos Ramos, no pueden “distinguir entre gobernar un partido político y gobernar un país”.

El mejor ejemplo es el retrato del político (pagado con fondos públicos) entregando a un constituyente un solar, o un cheque para una beca, como si el dinero para el gran “regalo” saliera del bolsillo del político y no de fondos públicos. El ejemplo que surge de los casos de corrupción es peor: el contrato o empleo con fondos públicos basado en intereses político partidistas y no en capacidad ni eficiencia del contratado.

¿Y donde están nuestras instituciones independientes en estos momentos históricos? ¿Las hay? ¿O es que los partidos han hecho tan buen trabajo político que ya no las hay? La Autoridad de Energía Eléctrica fue un monopolio gubernamental creado para que funcionara de forma independiente, con su propia fuente de financiamiento e ingresos, para que no dependiera del presupuesto del gobierno. Por décadas fue una institución ejemplo de democracia al llevar “la luz” eficientemente a los más recónditos lugares de nuestra isla. Hoy yace quebrada y desprestigiada. Cualquier estudiante de economía sabe que es imposible que un monopolio quiebre -excepto que los partidos políticos se apropien de los empleos y contratos en el monopolio y lo dediquen a su reelección. Y claro, igual podemos hablar de la AAA, que para evitar la quiebra formal ha duplicado a los consumidores el costo del servicio más esencial de todos; o el Banco Gubernamental de Fomento o la propia Universidad de Puerto Rico. Todas estas entidades se estructuraron para tener cierta independencia o autonomía de las influencias políticas. Y quizás hasta la década del 70 en algunos casos y en otros hasta los 80, empleados de carrera y profesionales comprometidos lucharon para mantener alguna autonomía o independencia en varias de estas. Pero, como dijo Benjamín Torres Gotay recientemente, “el partidismo y los intereses económicos se… fueron apropiando y haciendo inservibles” nuestras instituciones.

La pasión de los partidos por ganar las próximas elecciones, de hacerse del pedazo de bizcocho que iban reduciendo hasta las migajas que quedan hoy, les quitaron su independencia o a las que no, las desprestigiaron o les quitaron recursos para que no funcionaran efectivamente.

¿Y la Asamblea Legislativa? ¿No es esta una institución donde las tribus deberían poder dedicarse exclusivamente a su trabajo político? A crear estructuras con fondos públicos para asegurarse su futuro político y económico? Bueno, en eso se ha convertido, incluso creando y financiando la Comisión Estatal de Elecciones, donde los partidos, incluyendo los de minoría, tienen su nómina permanente asegurada, año tras año, con o sin eventos electorales.

Pues no, si algo surgió claro en las últimas semanas de protestas continuas es que la gran mayoría del pueblo no quiere un gobierno que trabaje solo para los partidos políticos; que no quiere a empleados públicos, incluyendo a senadores y representantes, dedicados a la política partidista a tiempo completo, con fondos públicos.

En esta crisis más reciente-después de la quiebra bajo Promesa y de Irma/María, Puerto Rico no se juega su futuro en quién será el próximo gobernador; se lo juega en mantener independientes y fortalecidas las instituciones que le quedan, aunque estén bajo asedio: los tribunales de Justicia, la Oficina del Contralor/a, las organizaciones del tercer sector- ya sea con fines sociales o empresariales, las entidades educativas, artísticas y deportivas y la prensa, entre otras. En fortalecerlas y estas crear alianzas esté “el Puerto más Rico posible” con el que sonó mi cuñado Quique Martí y que se describe en el libro de igual título.

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