Edgar Rodríguez Ríos

Tribuna Invitada

Por Edgar Rodríguez Ríos
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Demonizando al sector público

Recientemente hubo un fuerte debate en Twitter, a raíz de un artículo del economista Gustavo Vélez. Este planteó que el modelo económico establecido en Puerto Rico en la década de 1940 fue socialista, y que ello originó el fracaso económico del país.

Me preocupa la costumbre de calificar de socialista cualquier plan, política o estrategia que signifique un alza en la participación del sector público en la economía. Ello demoniza la mayor intervención del gobierno en la economía como alternativa al capitalismo neoliberal que predomina mundialmente. Para muchos, una economía con una significativa participación del gobierno no puede ser eficiente, ni mucho menos tener crecimiento económico sostenido. Existen y han existido países que han fracasado debido a la forma extrema, desorganizada, o irresponsable con la que han incrementado la participación gubernamental en su economía. Ejemplos sobran.

Sin embargo, también existen excelentes y exitosos casos. En Noruega, Dinamarca, Suecia y Finlandia, la participación del empleo público en la economía es de 30.0, 29.1, 28.6 y 24.9 por ciento, respectivamente. En esos países, la participación del sector público es sumamente alta, pero extremadamente eficiente. Esos países figuran en los primeros lugares de los índices de desempeño económico y bienestar social.

La exigencia de una mayor intervención del gobierno en la economía continuará. Por un lado, hay muchos casos en los que el mercado no es capaz de proveer eficientemente los recursos. Por eso el gobierno interviene mediante regulaciones, como ocurrió con el sistema financiero estadounidense; produciendo servicios de forma directa como los sistemas de salud universal en Canadá, Alemania y Noruega; o mediante el sistema contributivo.

Mientras, la desigualdad en el ingreso, de oportunidades y de poder inherentes al sistema de mercado ha exigido, recientemente con más fuerza por la globalización, más esfuerzos del gobierno, ante los terribles efectos que la desigualdad tiene sobre toda la sociedad. Más aún, las iniciativas en las que los empleados y las comunidades han asumido las riendas de empresas y servicios sociales clave, han aumentado significativamente en América y Europa, siguiendo el socialismo conceptualizado antes de Karl Marx.

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