Alex Casiano

Punto de vista

Por Alex Casiano
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Demos paso a la telemedicina para pacientes de salud mental

Adoptar medidas de distanciamiento social y controles higiénicos requiere que nos abstengamos de visitar las ya aglomeradas oficinas de los proveedores de salud. A tenor con esta necesidad apremiante, el pasado viernes, 20 de marzo, la gobernadora Wanda Vázquez firmó una medida que daba flexibilidad a los requisitos de la práctica de telemedicina en Puerto Rico. 

La medida permite a los médicos atender a sus pacientes mediante métodos alternos y obliga a las aseguradoras a reembolsarles por sus servicios. Esto es una buena movida por parte del gobierno, puesto que la telemedicina es una alternativa segura y efectiva para continuar el tratamiento de las condiciones de salud a distancia y los servicios ofrecidos a través de este método deben ser reembolsados legítimamente. 

Sin embargo, el proyecto inicial solo incluía a los médicos y dejaba fuera un grupo de profesionales de la salud cuyos servicios son esenciales en estos momentos: los profesionales de la salud mental. Esto resulta sorprendente, puesto que los profesionales de la salud mental han sido los pioneros de la telesalud por más de 30 años.  

En Estados Unidos, psiquiatras, psicólogos y trabajadores sociales clínicos llevan décadas utilizando la telesalud para la evaluación y diagnóstico de sus participantes, consultar con otros proveedores de salud, realizar tratamiento y coordinar beneficios, entre otros servicios. De hecho, son estos profesionales de la salud mental quienes han creado varias aplicaciones para teléfonos inteligentes con el fin de prevenir el suicidio, mejorar el ánimo, reducir el uso de substancias y disminuir la ansiedad, entre otros. 

En momentos en que vivimos socialmente aislados, sectores vulnerables de nuestra población sufren consecuencias graves. Los adultos mayores experimentan un aumento en los síntomas de depresión y ansiedad, adolescentes y adultos jóvenes comienzan a sentirse solos y a contemplar el suicidio como única alternativa, y la violencia intrafamiliar se dispara, afectando desproporcionalmente a las mujeres y a los niños. No sabemos cuánto tiempo durará esta emergencia y no podemos permitir que decenas de miles de puertorriqueños permanezcan sin acceso viable a sus servicios de salud mental. 

Exhortamos al gobierno de Puerto Rico a incluir en la flexibilización de los requisitos de la práctica de la telemedicina a los proveedores de salud mental ya aprobados por el gobierno federal a través de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS) para atender pacientes a través de la misma: psicólogos y trabajadores sociales clínicos. 

Adicionalmente, exhortamos a las autoridades pertinentes a velar por que las tarifas de reembolso para los proveedores de servicio sean justas. Una consulta a distancia puede extenderse por mucho más de los 10 a 30 minutos sugeridos por algunas aseguradoras. En la mayor parte de los casos la consulta virtual no difiere de la consulta en la oficina. Al contrario, algunos proveedores tendrán que incurrir en gastos adicionales para ofrecer el servicio como, por ejemplo, un aumento en el plan de datos o de internet y de telefonía digital. 

Los psicólogos y trabajadores sociales clínicos tienen que ser parte fundamental del plan de acción durante la emergencia del COVID-19 y del subsiguiente plan de recuperación una vez culmine la misma. Es hora de que le hagan justicia, profesional y salarial, a estos profesionales de la salud tan valientes y tan dispuestos a ayudar en todo momento, pero tan poco valorados y respetados en Puerto Rico.  

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