Carlos Rivera Vélez

Punto de Vista

Por Carlos Rivera Vélez
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De partidocracia a meritocracia

Son muchísimos los reconocimientos a los acontecimientos de “cese y desista” de las pasadas semanas, bastantes las loas locales, pero muchísimas las internacionales. No hay duda de que los mismos marcan un pasado y un presente. 

Dan marcha, si lo queremos ver así, al inicio de una cuarta etapa en la larga historia de la isla, la de tomar control de nuestro propio destino, luego de una etapa aborigen prehispánica de miles de años, cuatrocientos seis años de dominio español, y ciento veintiún años de control estadounidense. 

Este despertar tan refrescante no puede ser uno efímero e irresponsable, no puede ser una improvisación. Tampoco puede ser una acción de mirar, juzgar y criticar solamente lo de afuera, lo ajeno, sino una nueva forma de ver y vivir la vida en continua introspección y acción, pues el causante principal de los eventos que tumbaron al gobernante fue el mirarnos al espejo por muchísimo tiempo, aguantando cantazos una y otra vez, hasta que resueltos dijimos “¡basta ya!” y decidimos actuar. En total sincronización histórica, catalizada por varias gotas que colmaron la copa colectiva, decenas de miles hicimos la misma introspección, despertamos y nos dimos cita en la misma encrucijada del camino, en espectacular y puntual coincidencia, de ninguna manera producto del azar. 

Por tanto, lo anterior es solo el primer peldaño en nuestra prometedora escalera de futuro y de ahí no nos moveremos si no rompemos con ciertos paradigmas que hemos cargado por muchísimos años. 

Es el momento de decirle a aquellos líderes ineptos, los cuales existen en todos los sectores de la sociedad y solo velan por sus intereses personales, que estamos aquí vigilantes, no solo en actitud de fiscalizar y demandar resultados de excelencia, sino en la de integrarnos para añadir valor. Tiempo de recordarles a los políticos y jefes de gobierno, que han sido electos y designados para servirnos, no al revés, por lo que es hora de revertir los papeles de forma inmediata y permanente, siempre en un marco de respeto e igualdad. 

La partidocracia tiene que dar paso obligado a la meritocracia. Es además coyuntura histórica para autoproclamarnos ciudadanos globales, dejar a un lado el insularismo y de verdad apostar a la educación de vanguardia y al trabajo arduo como llave verdadera de progreso y competitividad. Tiempo de iniciar al unísono un proceso serio para resolver el estatus político que tanto nos divide, integrados todos los sectores y edades en un proyecto de país factible e inclusivo. Hora precisa además para no tirar basura a la calle, respetar el entorno, incluyendo fauna, flora, niños y ancianos. Momento de promover con intensidad las cosas buenas del país y de confiar en nuestras capacidades individuales y colectivas, pues nada tienen que envidiarle a las mejores en el mundo. 

En fin, es este un momento irrepetible para escribir nuevas páginas de nuestra historia, producto de grandes transformaciones en múltiples dimensiones, provocadoras de resultados progresivos y sostenibles de alcance y reconocimiento mundial, como todos merecemos. Solo así alcanzaremos los próximos peldaños del progreso.

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