Gabriel Andrés Rodríguez Fernández
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Descolonizar de verdad

En Puerto Rico y en nuestra diáspora, apenas queda quien niegue nuestra realidad colonial. Muchos también aceptan, que la condición colonial nos impide superar la propia crisis de la colonia y construir el Puerto Rico democrático, próspero, solidario y sostenible que deseamos. Ser colonia incluso dificulta la reconstrucción post-María, limitando las “ayudas” con las que a regañadientes el gobierno federal atiende su obligación para con el territorio que se apropió hace más de un siglo. Por eso continúan surgiendo, aquí y fuera de aquí, grupos que reclaman la descolonización.

Aclaremos que los asimilistas llaman “descolonizar” al reclamo por “derechos iguales a los de los conciudadanos del norte”, porque en vez de reconocernos como nación, se ven como “minoría étnica” en un contexto federal. En efecto, los boricuas emigrados a algún estado, se convierten allá en una minoría nacional, discriminada y marginada con relación a sus “conciudadanos”. Allá reclaman, por ende, “trato igual” según los derechos proclamados por la Constitución de ese país, aunque reafirman su identidad nacional como elemento común que los define como comunidad.

Descolonizar implica retar (con el apoyo de la diáspora) la propia esencia de la condición colonial. Esta es, que nuestras tierras y mares, incluso la atmósfera que nos rodea, así como las vidas y propiedades de los que aquí habitamos, está bajo el control del gobierno de una nación diferente a la nuestra.

El centro oficial de poder político en esa otra nación, su Congreso, nos impuso su ciudadanía para mejor podernos utilizar para sus fines, no para “hacernos iguales”. También (por momentos) ha permitido unos espacios limitados de autogobierno local y ha extendido a “su territorio” algunos de sus programas sociales, pero solo en la medida y las formas que beneficien a sus intereses políticos y aumenten el rendimiento económico que obtienen de esta “posesión”. 

Denunciar el discrimen y reclamar mayores asignaciones bajo ciertos programas federales pueden ayudar a mejorar la calidad de vida en la colonia, pero no descoloniza, pues no ataca la esencia del coloniaje, aunque los asimilistas fantaseen que eso nos acerca a la “integración”. Los políticos con esto sólo fomentan la división en tribus de colores, que luchan entre sí para controlar las “ayudas” y el presupuesto colonial, pero en verdad no interesan cambiar el sistema, del que viven ellos y sus amigos del alma.

El “trato igual” que procede reclamar desde Puerto Rico, ante Estados Unidos y ante el mundo, es el de ser reconocidos como una nación, con un derecho natural a existir, autogobernarse y construir el futuro que decidan colectivamente los ciudadanos puertorriqueños, en y para su patria. A esto se le llama reclamar soberanía, un derecho natural de todos los pueblos del mundo, y ejercerlo es la única verdadera forma de descolonizar.

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