Mayra Montero

Punto de vista

Por Mayra Montero
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Descontrol en la Legislatura

Una pregunta: ¿hay forma de radicar peticiones de quiebra a través de internet?

Lo digo porque en el Senado han aprobado un proyecto que, de convertirse en ley, va a provocar un aluvión de quiebras como jamás se ha visto en la isla ni en el ancho mundo.

Entre otras cosas, algunas con sentido y otras con ninguno —soñar no cuesta nada, y menos cuando el tiempo pasa lentamente y no hay mucha tarea—, el Proyecto 1538 dispone que “si un patrono privado decidiera recesar sus labores de forma parcial o prolongada, deberá continuar pagando a sus empleados su salario o compensación, según establecido en su relación contractual”.

Bueno, en primer lugar, nadie decide nada. La gobernadora, con toda razón, ordenó la paralización de las actividades laborales que no sean esenciales, y ya sabemos que supermercados, farmacias y hospitales, más aquellos que los abastecen, siguen operando bajo precauciones extremas. Los demás, no “deciden” cerrar. “Han tenido” que cerrar.

Una gran parte de los pequeños y medianos negocios viven al día, o casi al día, ¿cómo van a pretender los honorables senadores (y ahora los representantes, ya que el proyecto está ante sus narices) que en esos negocios sigan sacando la nómina como si nada? ¿De dónde, si no entra un centavo? 

Pero ahí no queda la cosa. El proyecto ordena que los días recesados no serán descontados “de ninguna de las licencias reconocidas por ley”. También a los empleados a tiempo parcial se les seguiría pagando “a base del promedio de horas trabajadas semanalmente”.

Lo advertí hace tiempo: aquí hace falta buscar una maquinita de fabricar billetes e instalarla en el Salón de los Pasos Perdidos.

Que a los políticos, en año electoral y en tiempos normales, con tal de ganar votos y seguir aferrados a sus privilegios, se les ocurran simplezas y necedades más o menos inofensivas, pase. Pero que en momentos críticos, salgan con ese flamante proyecto que no toma en cuenta la macabra realidad económica, ni mucho menos la realidad de miles de comerciantes que nunca han vivido del gobierno, sino que más bien han sido sus víctimas, es una infamia.

¿Qué negocio cerrado puede seguir pagando los salarios como si nada? No sé, tal vez durante algún tiempo las grandes cadenas, las transnacionales. Sin embargo, al tratarse de una crisis global, esas cadenas también estarán cerradas o a punto de cerrar en sus ciudades matrices. El planeta entero está cerrando. 

Cuando se sentaron a escribir las 24 páginas del Proyecto 1538, ¿no hubo nadie, ni una voz sensata que se levantara para advertir que crearía un caos mayor y una ola imparable de cierres definitivos y de quiebras?

Por supuesto, en el apartado del Proyecto titulado “Disposiciones sobre Empleo”, los que primeros se protegen son los legisladores, y lo hacen de esta guisa:

“En caso de que el gobierno de Puerto Rico, la Asamblea Legislativa y/o la Rama Judicial decidan recesar sus labores de forma parcial o prolongada, sus empleados públicos continuarán recibiendo su salario… Los días y horas recesados no les serán descontados de ninguna de sus licencias”.

Como era fuerte legislar algo así para ellos solos, inmediatamente incluyeron a los empleados privados y les dieron el cantazo a los comerciantes y empresarios del país, de modo que saquen la nómina semanal aunque no vendan ni una aguja.

Poner en marcha esa ley, como dije antes, dará paso a un disloque de incalculables consecuencias. Consecuencias que se extenderán más allá del toque de queda actual. La ayuda a los empleados que quedan en el aire con el cierre de empresas y comercios tiene que encauzarse de otra forma, gestionando rápido la forma de utilizar los fondos liberados por la Junta Fiscal para atender la crisis, y los que sean asignados desde Estados Unidos. Y eso no se hace atragantando una ley que en el mejor de los casos se contradice, y en el peor nos hunde.

La Asamblea Legislativa, que sepamos, no ha recibido luz verde para disparar a diestra y siniestra proyectos que se saltan los acuerdos fiscales que están en vigor.

En otras palabras: no se han abierto las compuertas. No.

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