Victoria Muñoz

Punto de vista

Por Victoria Muñoz
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Desde la punta de un lápiz

Mi madre solía decir que las grandes transformaciones de Puerto Rico salieron de la punta de un lápiz. Con ese lápiz se hizo realidad la voluntad de cientos de miles de personas sencillas, pobres, muchas analfabetas que no tenían hasta 1940 importancia alguna para los políticos de esa época. Esas personas cambiaron su propio futuro y su destino, al igual que otros miles de puertorriqueños, al elegir en 1940 un gobierno que cambió la desesperanza por la esperanza. Este cambio fundamental trajo consigo nuevas realidades.

La primera gran obra de Luis Muñoz Marín y del Partido Popular fue enseñar el valor del voto libre y limpio como la gran herramienta democrática para un futuro de esperanza.

Con el arma del voto, que era igual tanto para el rico como para el pobre, igual al desempleado como para el industrial, igual para el profesor como para el obrero que ganaba 25 centavos al día, esa herramienta era de profunda igualdad ciudadana. 

Esa igualdad dependía y depende de que respete la intención del elector, que sigue siendo obvia y clara y ha sido respetada por décadas. Hoy la quieren eliminar por tecnicismos que le quitan derechos al elector por consideraciones superficiales y falsas que tienen el efecto de negar el valor de ese voto y el derecho y la intención del que lo ejerce. 

Según el proyecto de ley, a menos que se encuentre estrictamente en un lugar específico dentro del cuadrante, ese voto no contaría, contrario a toda la jurisprudencia existente hoy, que insiste en contar como buena la intención del elector más allá de interpretaciones que le niegan su valor. Hoy la intención del elector es la clave. Con este proyecto se va en contra de su deseo expreso y se anula su derecho a decidir. 

Mi padre señala en su autobiografía que en el 1940, en el colegio donde él votó no había representante del Partido Popular. Él le pidió a un adversario político que conocía como persona de gran honradez que representara al PPD durante la tabulación de los votos. Así lo hizo. Luego ese representante del partido al que no pertenecía lo llamó dándole los resultados certeros de ese colegio electoral. Por encima del partido quedaba la honradez electoral.

La igualdad ante el evento electoral dependía y depende de que se respete la integridad y la intención de cada votante en la libertad de su conciencia. Esa es la clave para que se respeten sus resultados por vencedores y vencidos. Yo he ganado y he perdido elecciones y soy testigo de ese valor.

El proyecto a de Ley Electoral ante la consideración de la legislatura y la gobernadora elimina el criterio de la intención del elector como elemento rector. Solo vale si hace la marca dentro del pequeño cuadrante que contiene la papeleta. Aunque sea clara la intención del elector, la misma se tiene por “no puesta” e “inconsecuente”, salvo que esté estrictamente dentro del cuadrante.

Si se legisla pensando en pequeñeces la historia le devolverá su veredicto adverso, porque lo que hoy afecta negativamente a uno mañana afectará negativamente a los otros. Esas mismas pequeñeces perseguirán al que hoy las legisla.

La convivencia entre puertorriqueños se traduce en una cultura de respeto y consideraciones. Aquel ciudadano de un partido adversario al PPD al que en 1940 mi padre le encomendó el resguardo de los votos populares lo hizo con total honradez. Eso fue así y tiene que seguir siendo así para resguardar nuestra cultura democrática.

Cada puertorriqueño tiene que defender su voto y el voto del contrario. Ese es el respeto que la voluntad democrática requiere. Desde la gobernadora Wanda Vázquez hasta el más sencillo y humilde elector todos somos iguales en la democracia y ese es el valor supremo que surge desde la punta del lápiz.

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