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Por Gazir Sued
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Deserciones en la UPR

A nadie debe extrañar la deserción de la alta jerarquía de burócratas en la Universidad de Puerto Rico (UPR). Sus renuncias eran previsibles por el saldo de la contienda electoral, tal y como ha sido durante toda la vergonzosa historia administrativa de la Institución. Lo que abre la sospecha es el carácter súbito y concertado del abandono de sus puestos.

La primera impresión que provoca esta noticia no apunta a las perennes fuerzas externas que desmienten el simulacro de autonomía universitaria. Nadie puede ser tan ingenuo que crea que se trató de una reacción legítima ante presiones indebidas del nuevo gobierno, o que acuse al gobernador como instigador del abandono de responsabilidades de estos funcionarios.

No miro el asunto como egresado, ni como profesor discriminado por razones políticas y represalias de gerenciales corruptos. Lo miro como ciudadano, y veo que la injerencia del Gobierno sobre la administración fiscal del sistema universitario del Estado no justifica que su presidenta y rectores se desentiendan de sus juramentos de lealtad y compromisos morales. Considero que actuaron cobardemente y traicionaron los principios universitarios y valores democráticos que debían defender. A no ser que teman investigaciones que descubran negligencias y revelen prácticas ilícitas, ¿por qué renunciar en bloque y acrecentar la inestabilidad interna de la UPR? ¿Para qué?

La Junta de Control Fiscal (JCF) impondrá autoritariamente y con fuerza de Ley recortes millonarios al presupuesto institucional. El Gobierno la respalda incondicionalmente, y puede reducir de un plumazo la fórmula de ingresos (9.6% del presupuesto nacional) y ajustarla a las demandas de la JCF. Además, pronto tendrá control absoluto del aparato administrativo y las proyecciones no son esperanzadoras.

La realidad es que la UPR derrocha gran parte de su presupuesto en cosas que nada tienen que ver con la Educación, a veces hasta inútiles e improductivas al bien común. Protestar para que todo siga igual no abona a su porvenir, todo lo contrario. Los cambios son inminentes. La pregunta es, ¿quién decidirá su derrotero? ¿Para qué?

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