Ibrahim Pérez

Tribuna Invitada

Por Ibrahim Pérez
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Desigualdad social y económica: carimbo implacable

La pobreza y la desigualdad socioeconómica son los más poderosos determinantes de la salud de una sociedad. En la actualidad 28 de los 54 países del empobrecido continente africano registran expectativas de vida menores de 60 años, nivel superado por Puerto Rico en 1950. 

Previamente he subrayado la diferencia en expectativa de vida entre residentes de diferentes estados, destacando que el estado más pobre, Mississippi, registra la más baja (75 años), mientras Minnesota mil millas al norte registra seis años más. Y que los estados con peores condiciones socio-económicas y de salud son aquellos donde reside el mayor porcentaje de minorías discriminadas, principalmente afroamericanas, latinas e indígenas. 

Un revelador estudio realizado por investigadores de la Universidad de Washington y publicado el pasado 8 de mayo en la revista médica JAMA documentó que las diferencias en expectativa de vida pueden ser más holgadas cuando se comparan unidades más pequeñas, como son los condados de cada estado que aglutinan poblaciones más homogéneas. 

El condado Summit en Colorado registró en 2014 la más alta expectativa de vida (86.8 años) entre los 3,142 condados estadounidenses, superando los 83.7 años de Japón, país con la expectativa de vida más alta del mundo. El condado Oglala Lakota en Dakota del Sur registró la más baja, 66.8 años. Oglala solo supera en expectativa de vida a Haití (63.5) en todo el hemisferio occidental y compara mundialmente con países sub-desarrollados como Pakistán, Senegal y Rwanda. 

Para explicar esa monstruosa diferencia de 20 años entre dos condados separados por 420 millas es necesario examinar sus respectivos perfiles socio-económicos. Summit es enclave del famoso centro de esquí Breckenridge. Tiene 30,000 habitantes en 600 millas cuadradas, 9% de su población está bajo el nivel de pobreza, 95% es blanca. Por el contrario, Oglala queda completamente dentro de la reservación indígena Pine Ridge, octava más grande de Estados Unidos. Tiene 14,000 habitantes (95% indígena) en dos mil millas cuadradas. Es el condado estadounidense con el mayor porcentaje de población bajo el nivel de pobreza federal (45%). Su ingreso per cápita es una quinta parte del de Summit. 

Ante esos marcados contrastes socioeconómicos, no debe sorprendernos que la mortalidad en Oglala sea dos veces la de Summit, que la mitad de su población sea diabética y registre 43% de obesidad, 40% de tabaquismo y 17% de alcoholismo, que más de una tercera parte de sus habitantes no tengan agua ni electricidad. Pero, sobre todo que sus pobladores indígenas tengan que sobrevivir un entorno tan inhumano y vergonzoso en territorio estadounidense y en pleno siglo 21. 

Aunque tengamos 46% de nuestra población bajo el nivel de pobreza federal no podemos permitir que el infierno de salud de Oglala ocurra en Puerto Rico. Ya lo hicimos una vez cuando éramos más pobres. Pero para lograrlo no podemos seguir esperando que la solución venga de Washington. El gobierno federal no va a hacer lo que jamás ha hecho por sus propias minorías. Ni lo que tampoco ha hecho por su colonia puertorriqueña en 119 años. Tenemos que hacerlo nosotros mismos, implantando un modelo ajustado a nuestra realidad, más primario-preventivo, menos costoso. 

El estudio analizado dramatiza cómo el perfil socioeconómico y estilos de vida del lugar donde vivimos se convierten en un carimbo que nos marca, que traza la hoja de ruta de nuestras vidas. Es incomprensible que gran parte de esas minorías, que viven maniatadas por severas privaciones y bajo condiciones de vida de tercer mundo en el país símbolo de los sueños de primer mundo, sean ciudadanos americanos cobijados bajo el supuesto manto protector de la estadidad y de su glorificada igualdad.

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