Noel Algarín Martínez
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"Desintegró la malla"

La radio ha jugado un importante rol en mi vida. Por un lado, fue vital en mi temprana formación como periodista. Por el otro, fue instrumental en alimentar mi amor por el deporte. De niño fueron muchas la noches que pasé en algún rincón de mi casa pegadito a un radio escuchando la narración de los partidos de mis dos equipos favoritos de pequeño: los Cangrejeros de Santurce, en la pelota invernal, y los Vaqueros de Bayamón, en el Baloncesto Superior Nacional (BSN).

Incluso, mi primer ‘trabajo’ como comunicador se lo debo a la radio. No pasaba de 10 años de edad cuando en un torneo de baloncesto de la urbanización en que me crié en Bayamón, me pusieron a narrar los partidos. Un vecino me había escuchado imitar a los narradores radiales y se le ocurrió la idea de sentarme ante un micrófono.

Así, por varios sábados, narré los partidos del torneo del ‘barrio’ e intenté ponerle sonido a las gestas de mis vecinos sobre la pequeña cancha de cemento que para nosotros se sentía como el Forum de Los Ángeles o el Boston Garden.

En ese tiempo, mediados de la década del 80, el narrador de los juegos de los Vaqueros era Jacobo Córdova. Yo no me perdía sus narraciones junto a Carlos Valero, colega que aún sigue activo contando los partidos de Bayamón en radio, así que mi estilo de narrar en ese momento era bastante parecido (por no decir una copia exacta) al de Córdova.

Por ejemplo, cuando el armador de un equipo cruzaba la media cancha, solía decir “ahí la lleva Julio Algarín (mi hermano, que jugaba en la liga) cruzando el paralelo 38”, que era una frase de Córdova. O cuando metían un canasto que no tocaba aro repetía otra de sus frases insignes: “¡Desintegró la malla!”. Tanto imitaba a Córdova de niño, que hasta integraba pausas comerciales tales como él las decía o, en algunos casos, como las articulaba Valero. Si un jugador hacía un lance de la línea de tres puntos era desde el “área de Cutty Sark”. O si se completaba un canasto vistoso, era “lindo como los que pinta Pipo”, del Garaje Pipo. También estaba el “canasto Marvel, un filete de sabor”, anuncio de los hamburgers.

Aparte de imprimirle gran emoción y drama a sus narraciones, Córdova tenía otro don. Al igual que Manuel Rivera Morales, era un experto bautizando con sobrenombres a los jugadores. Rubén Rodríguez era “el Poderoso”, Jerome Mincy, “el Parabólico”; Pipo Marrero, “la Torre”; Jorgito Rivera, “el Suzuki”, B.J. Carter, “el Viento”.

Ahora que la campaña número 90 del BSN está a la vuelta de la esquina y que su comienzo cae dentro de mayo, mes nacional de la radio, vayan estas letras a modo de homenaje para Córdova y tantos otros narradores radiales a lo largo y ancho de Puerto Rico, cuyo rol en la educación afectiva y deportiva de muchos de nosotros ha sido de auténticos héroes. A ustedes, de corazón, gracias.

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