Rafael Cox Alomar

Tribuna Invitada

Por Rafael Cox Alomar
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¿Desliz del Congreso?

C oncluida la bochornosa vista de “mark up” de la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara federal, y consumada la aprobación del H.R. 5278 (29-10) con la patética anuencia del comisionado residente Pierluisi, se impone la obligación histórica y moral de aclarar conceptos y de trazar nuestra propia hoja de ruta.

A raíz de la votación en esa Comisión, y ante el inminente anuncio de las decisiones del Tribunal Supremo federal en los casos Sánchez Valle y Franklin California Tax-Free Trust (quiebra criolla), ha comenzado a circular toda una serie de argumentos falaces y disparatados que lejos de aclarar las cosas las enturbian más.

En primer lugar, la idea alocada de algunos dentro del movimiento estadista de que con la junta de control fiscal y el desmantelamiento jurídico del Estado Libre Asociado, Puerto Rico advendría, sin más, al status de territorio incorporado de la Unión no se sostiene. Todo lo contrario. La hipótesis de la incorporación por fíat judicial o por inferencia, simple y sencillamente, no se corresponde con el diseño constitucional de la superestructura federal ni con el modelaje institucional que el Congreso ha puesto en marcha desde que en 1787 incorporó el vasto territorio al oeste de las 13 colonias originales conforme el Northwest Ordinance. En cada una de las ocasiones en que el Congreso ha incorporado territorios que más tarde han sido admitidos como estados a la Unión tanto la incorporación, así como la promesa de estadidad, han sido explícitas. (Véase, entre otros, tratado de compraventa de la Luisiana (1803), tratado Adams Onís (1819), tratado Guadalupe Hidalgo (1845)).

En segundo lugar, la descabellada sugerencia, que sin el más mínimo rubor hacen algunos apologistas del ELA colonial, a los efectos de que lo de la junta de control fiscal fue un simple desliz del Congreso, tampoco se sostiene. Al Congreso no se le chispoteó, en palabras de Chespirito. Pretender lo contrario es desconocer el ambiente que hoy se vive en Washington con respecto a Puerto Rico. El timoneo que imperceptiblemente se viene dando en la capital federal es hacia la soberanía. Y la junta de control fiscal lo que hace es dejar sin camino al ELA colonial, a la vez que priva de gasolina a la estadidad. Le pone un detente a ambas alternativas, mientras le cierra el paso indefinidamente al territorio incorporado. Las condiciones están dadas para que el Congreso finalmente disponga del territorio, toda vez Puerto Rico estabilice sus finanzas públicas. Y las señales están ahí, a la vista de todos, inclusive en la forma misma en que las ramas políticas en Washington han manejado la crisis fiscal puertorriqueña. Ha sido un manejo que dista mucho de la forma en que históricamente se han atendido situaciones análogas a nivel doméstico.

Distinto al caso de la Ciudad de Nueva York (1975/$2.3 mil millones), Chrysler (1979/$1.5 mil millones), Bear Stearns (2008/$12.9 mil millones), AIG (2008 /$85 mil millones), General Electric (2010/$16.1 mil millones), Harley-Davidson (2010/$2.3 mil millones) y Verizon (2010/$1.5 mil millones) a Puerto Rico ni se le van a conceder facilidades de financiamiento a corto plazo ni se le proveerá medida alguna de desarrollo económico. Más aún, el modelo de sindicatura federal que se nos pretende imponer se asemeja mucho más al viejo modelo de intervención fiscal que las administraciones de Teodoro Roosevelt, William Taft y Woodrow Wilson forzaron en República Dominicana, Cuba, Haití y Nicaragua a principios de siglo 20, conforme el cual los funcionarios norteamericanos enviados a controlar las aduanas de Santo Domingo, La Habana, Puerto Príncipe y Managua fungían como agentes de cobro al servicio de los bonistas europeos que entonces eran tenedores de gran parte de la deuda soberana de aquellas jurisdicciones. (Véase acuerdo de 1 de febrero de 1905 entre EE.UU. y República Dominicana).

En fin, que más allá de crear y perpetuar lastres políticos, el colonialismo carcome la dignidad y autoestima de sus víctimas --- tal y como advirtieron Frantz Fanon y Jean-Paul Sartre. Exorcicemos los fantasmas. Luchemos contra la colonia, con o sin junta, y vayamos sentando las bases de lo que será nuestro advenimiento a la soberanía. La suprema definición está a la vuelta de la esquina.

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