María Victoria García

Punto de vista

Por María Victoria García
💬 0

Desmadre de madres y distanciamiento de la Madre Tierra

El día de madres suele ser un feriado obligatorio en Puerto Rico. Habitualmente en este domingo no hay casi negocios abiertos. Lejos de darle un significado meramente comercial, el día de la madre es considerada casi una “fecha sagrada”. Suelo celebrar este día con mis hijos y entre amigas en la playa. Este domingo será diferente. No podré seguir esta tradición, tampoco compartirla con amigas. Las playas permanecerán cerradas y quizás más negocios abiertos por orden ejecutiva. La causa de estos cambios no es el solidario y requerido distanciamiento físico para evitar el contagio durante la pandemia, sino parte de las decisiones que ha tomado el gobierno de Puerto Rico localmente para atenderla.

Mucho se habla hoy en día de remedios que pueden ser peores que las enfermedades. En particular en estos tiempos en que capital y ciencia se entremezclan persiguiendo intereses puramente comerciales y monetarios. Sin embargo, en el caso de lo humano, sin remedio ni cura, se trata de abordar el deseo que guía los actos de esos seres que se definen como humanos. Así, lo humano será mejor o peor vivido de acuerdo al sentido que los seres humanos dan a sus deseos y actos. Desde esta perspectiva, ¿cómo pensar el sinsentido que tiene que se deje de invertir y promover investigaciones científicas en temas de epidemiología, y se proceda a toques de queda o cierre de playas, como respuesta a su emergencia? 

Enfrentados al estado de emergencia de una pandemia anunciada por científicos éticos y cabales, a falta de remedios y cura por razones de austeridad, la gobernadora y sus asesores del Task Force han decidido cerrar las playas y los parques de la isla como modo de dar tratamiento a preguntas que aún no pueden formular o a las que no les encuentran respuesta: ¿cómo opera el virus en la arena y en el agua de mar, en los ríos y las montañas? ¿Cómo prevenir el contagio y la propagación del virus en espacios públicos al aire libre en los que se podría producir la aglomeración de gente? ¿Cómo prevenir esta aglomeración y congregación de personas en estos lugares? ¿Cuáles son las reglas, los protocolos y las restricciones que se deberían aplicar en el uso de estos espacios, una vez se reconoce su importancia para el sistema inmunológico y la salud mental de los ciudadanos? 

Además, ¿cómo pensar la diferencia que plantea la ubicación de estos espacios en ciudades en la isla con alta densidad población o en pueblos menos poblados? ¿Qué es lo que hace que el gobierno de Puerto Rico no tenga aún reglas para el uso de playas y parques? ¿Cómo pensar que el gobierno de Puerto Rico esté considerando abrir “shoppings” como Plaza Las Américas, antes que playas y parques? ¿Cómo abordar la lógica de estas prioridades? ¿Cómo puede ser que las empresas tengan ya sus planes de autocertificación y las playas y parques aún no? ¿Quién certificará las reglas para su apertura? En definitiva, ¿cómo atienden la gobernadora y su Task Force la importancia que tienen las playas, parques y los espacios al aire libre en el manejo de su política de salud pública?

Si bien la ciencia poco sabe, hasta el momento, del virus, de su remedio y la vacuna para prevenirlo, está científicamente demostrada la importancia que tienen para el bienestar y mejoramiento del sistema inmunológico y la salud mental, en particular de los niños, el estar en espacios abiertos al aire libre y el pasar tiempo cerca de la naturaleza. Esta es una cuestión prioritaria para las políticas de vivienda y salud pública. 

A pesar de poder delegar la autocertificación en materia de seguridad a los dueños y directores de empresas, en el caso de las playas y parques, es el propio gobierno el que tiene que formular las reglas para su uso, así como encontrar las maneras de hacerlas cumplir. Esto, como en el caso de las empresas, tendrá más que ver con la educación que con la condena y el castigo que promueven despidos y el toque de queda.

Cuando la gobernadora y sus asesores actúan como madres, cuyos mandatos parecen más caprichos que caen del lado de la sobreprotección o el miedo que de los cuidados, un desmadre parece ser el regalo que nos ofrecen a las madres boricuas en nuestro día. Este desmadre de madres nos recuerda lo caprichosos y faltos de lógica que pueden ser los mandatos maternos, la sobreprotección y la falta de cuidados, sin la formulación de las preguntas adecuadas cuando se trata de dar vida.

Otras columnas de María Victoria García

💬Ver 0 comentarios