Liza Gallardo Martín

Punto de vista

Por Liza Gallardo Martín
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Detengamos el discurso de odio

Este fin de semana nos estremeció la noticia de dos matanzas en Estados Unidos en menos de 24 horas. Los tiroteos masivos en Texas (El Paso) y Ohio (Dayton) dejaron un saldo de 29 muertos y 53 heridos, según reportes preliminares de prensa.  

En lo que va del 2019 han ocurrido unas 251 balaceras en Estados Unidos. Una pregunta que sale a relucir en estos trágicos sucesos son las motivaciones de las personas que perpetúan estos actos tan crueles. Aunque los recientes tiroteos masivos en ese país se han atribuido a diferentes causas, este último en la ciudad El Paso, es investigado como un crimen de odio.

En la ciudad de El Paso viven una gran comunidad latina y según informes preliminares el atacante en declaraciones escritas dejaba sentir su discrimen hacia los hispanos a los que veía como una amenaza a la supremacía blanca y nacionalista. Este tipo de actos aparte de poner sobre el debate la necesidad de políticas más efectivas de control de armas también trae a la discusión la creciente política de odio y miedo en el país. De ser cierto, la información preliminar, estos hechos no pueden separarse del discurso de odio contra minorías e inmigrantes, alentado por el mismo presidente Donald Trump.

Durante su campaña presidencial y después de ser electo como presidente, Trump ha realizado diversas expresiones cargadas de ataques racistas contra los latinos, musulmanes y otras minorías. Cabe señalar que dentro de esas minorías también se encuentran miles de puertorriqueños y puertorriqueñas que emigran de la isla hacia los Estados Unidos. El odio hacia toda aquella persona que es diferente parece ser justificado en el discurso de Trump y varios líderes mundiales

En nuestro informe anual sobre la situación de los derechos humanos ya Amnistía Internacional advertía sobre el crecimiento de la peligrosa tendencia de la política de demonización. En Estados Unidos la retórica nacionalista blanca ha tomado fuerza y parece replicarse en otras partes del mundo. 

Algunos líderes mundiales en su deseo de ganar votos han recurrido a perseguir y demonizar a grupos por su identidad, religión, raza, origen étnico y sexualidad. Esta situación continúa agravándose y deteriorando los derechos humanos. Estos peligrosos discursos de “nosotros contra ellos” infunden miedo y represión en vez de fomentar la paz y tolerancia.  

Toda persona tiene derecho a vivir sin represión, abusos y temor a perder su vida por pertenecer a una minoría o a cierto grupo étnico. Los gobiernos deben cumplir la disposiciones básicas de derechos humanos que garanticen la seguridad de todas las personas. Como organización defensora de los derechos humanos hacemos un llamado a los líderes mundiales a no permitir el auge de la política de odio y división que ha dado paso a lamentables atrocidades en el mundo.  


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