William Félix

Tribuna Invitada

Por William Félix
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¡Detente y vive!

Se supone que esté escribiendo temas relevantes a mi especialidad en medicina deportiva. Pienso en condiciones que hablo día a día en mi clínica y no encuentro inspiración. No puedo parar de pensar que ninguna de estas lesiones tendrá un desenlace fatal. En cambio, una depresión no tratada y erróneamente estigmatizada, sí. Las muertes por suicidio siguen prevaleciendo como a una de las mayores causas mortales prevenibles a nivel mundial. Como profesional de la salud y ser humano, no puedo callar.  

Los recientes suicidios de la diseñadora Kate Spade y de Anthony Bourdain me han estremecido. Como él, viajo a distintas partes del mundo y aprendo la cultura de un país a través del paladar. Al igual que a Anthony y muchos otros, el asesino silente de la depresión nos visitó en algún momento de nuestras vidas.

Ya no era suficiente pararme en medio de la sabana africana y contemplar su extensión, tampoco el Big Ben en Londres o el Cristo Redentor en Río de Janeiro. Hubo miedo en admitir la necesidad de ayuda por ser malinterpretado como hombre de carácter débil, de poca fe o sencillamente como un loco. ¿Por qué sentirse triste cuando la vida aparentemente te ha dado tanto? La respuesta: la vida es mucho más que un selfie.

Para comprender a cabalidad la depresión, es necesario entender que como toda enfermedad, tiene bases fisiológicas y predisposiciones genéticas; responde a estímulos internos y externos. De la misma forma que el calor provoca sudor, también la ansiedad y la tristeza provocan disminución en la producción y absorción de neurotransmisores en el cerebro que regulan nuestro estado de ánimo, conducta y cognitividad.

Existen fármacos que aumentan los niveles de serotonina, dopamina y norepinefrina en las sinapsis neuronales y así, producir cambios favorables en el estado de ánimo. Por unanimidad, la mejor forma de combatir la depresión no se limita a una pastilla, sino a la combinación del fármaco con psicoterapia y el apoyo incondicional de familiares y seres queridos.  

Me preocupa mucho el “efecto dominó” que puedan provocar estas muertes en la psiquis de personas que viven con esta enfermedad y buscaban un respiro viviendo las aventuras de Anthony o en el glamour de Kate. Me aterroriza que como ellos, muchos opten por un escapismo fatal. La vida que se proyectaba en la pantalla chica era ideal, como sacada de los mejores posts de Facebook o Instagram. Nuevamente, se pone en tela de juicio la credibilidad de todos esos selfies y sonrisas forzadas que colocamos en las redes sociales. Estos posts no dejan de ser, en ocasiones, realidades manipuladas sin sustancia. Hemos desvirtuado nuestros estándares, dando prioridades insulsas y proyectándonos en las fantasías de la vida ajena o del famoso. Al fin y al cabo, todos somos humanos, todos vamos al baño y apesta; todos sentimos alegría y tristeza en algún punto de nuestra vidas. Todos somos vulnerables.  

Si te sientes triste y piensas que no vale la pena vivir: ¡DETÉNTE Y PIDE AYUDA!! Agarra el teléfono y llama a la línea de prevención de suicidio en la isla (1-800-981-0023). A pesar de todo, vale la pena vivir.



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