Mayra Montero

Punto de vista

Por Mayra Montero
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Dios me dijo, ¡entérense!

En el resultado de la encuesta respecto a la victoria que obtendría el PNP sobre el Partido Popular, el PIP, y el resto de los movimientos que han estado cuajándose estos meses, hay una cuestión de coherencia

A veces, instintivamente, los pueblos son más coherentes de lo que piensan los políticos.

La expulsión de Ricardo Rosselló nunca fue asimilada por la población como un fenómeno que involucrara al sistema o al colonialismo. Y a eso contribuyó grandemente la oposición, que, ignorando principios elementales, focalizó el descontento en el hombre y en el perrito que raspaba la puerta.

Era verano y el festival playero se trasladó a La Fortaleza con la cartelera imposible de un puñado de estrellas que ningún productor habría soñado. Residente, Bad Bunny, Ricky Martin, Daddy Yankee (que recién estableció un récord de diez funciones vendidas en el Coliseo de Puerto Rico), Nicky Jam, Ñengo Flow y la apoteosis motociclística de Rey Charlie.

El plan (equivocado), de los movimientos emergentes y soberanistas era aguantar un poco trasbastidores, y luego, aprovechando el impulso ciudadano, que fue sin duda arrollador, subirse con la guagua en marcha. Pero eso falló. 

Esta semana, el corresponsal de El Nuevo Día en Washington sacaba una nota que, dentro de la polvareda de la encuesta, pasó casi inadvertida: “El abismo fiscal del sistema de salud de Puerto Rico está muy cerca”

Aquí, algunos sectores andan repitiendo un mantra que puede estallarles en la cara: “la vieja política, la vieja política”. Esto para destacar el anacronismo de los dos partidos mayoritarios. No se dan cuenta que a “la vieja política” también pertenecen ellos. Son anacrónicos porque no han tomado en cuenta, no ya los grandes retos que representa una población que no quiere que le muevan el piso, y esto es así desde hace décadas, sino además porque no se percataron de que, lejos de demoler la imagen del PNP, como seguramente calculaban, la salida indecorosa de Rosselló actuó como revulsivo. Fue asumida, quieran que no, como una “limpia” que llevó a La Fortaleza a una mujer “descomplicada”, como dirían Shakira y Carlos Vives. 

Y miren que han hecho lo imposible por vincular a la gobernadora Vázquez con la camarilla defenestrada en julio. Pero para eso se necesitaba otro nivel de batalla, otro esquema para el cual no había ni hay condiciones objetivas de ninguna clase.

Podría decirse que “la vieja política” son todos. O que la política siempre es vieja, solo se sacude bajo la heroica congruencia del sacrificio y la austeridad.

El Partido Popular se ha ido cancelando a sí mismo. No porque haya una corriente conservadora y otra más liberal. Eso pasa en todos, y en todas partes del mundo, sino porque titubea, es blando, no tiene personalidad. De hecho, cuando la alcaldesa de San Juan dijo que volvía al redil, se impregnó de lamisma blandura. Pudo escoger morir con las botas puestas, en Victoria Ciudadana o como independiente. Pero ahora sufrirá su derrota en pantuflas, de esas que tienen una naricita en la punta.

Tratándose de un país con un altísimo nivel de dependencia, subsidiados al 100 por ciento los servicios médicos (lean el artículo de José Delgado); el alimento, la vivienda, la educación, la reparación de carreteras y hasta el sistema eléctrico, nadie puede culpar al votante de que se incline por lo seguro. 

Fíjense qué curioso que, cuando favorecen a un candidato alternativo —del PIP, del PPT, o lo que sea—, no es porque respalden su agenda programática o ideológica, qué va, sino para que “fiscalicen”: los quieren como vigilantes y para más nada.

Los encuestados podrían favorecer a un partido que vaya en pos de una transformación. ¿Pero qué transformación puede traer un “líder” que no dice cómo se las arreglará con los bonistas y con los bancos que acatarán los dictados de los tribunales? ¿Un “líder” que no aclara de dónde saldrá el dinero para alimentar a la población? ¿De dónde los bienes de consumo, los artículos de primera necesidad, siendo el enfrentamiento con la metrópoli (con la Casa Blanca, mi madre) la prioridad absoluta? 

A última hora, interrogada sobre su entrada al ruedo, Wanda Vázquez acaba de decir que “Dios dirá”.

Y Dios, a mí, me lo cuenta todo.


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