Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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Disfuncionalidad de los partidos

Se usa la crisis de gobierno para detonar el lanzamiento de nuevas formaciones partidistas como si anduviesen por ahí figuras de la cimera estatura que poseyeron Barbosa, Muñoz Rivera, De Diego, Santiago Iglesias, Martínez Nadal, Muñoz Marín, García Méndez, Concepción de Gracia o Ferré que puedan concretarlo a fuerza de liderazgo personal. El pueblo puertorriqueño vive tiempos de suspicacia, duda, sospecha, desconfianza y sarcasmo hacia políticos y partidos que se pelean por el poder y el dinero que da el poder. Eso no surge de los últimos acontecimientos, se viene cocinando hace rato a consecuencia del comportamiento repetido, sin remordimiento, de los que se turnaron el gobierno.

Los partidos políticos son herramientas de trabajo, no la solución a los problemas; la solución está en las ideas e ideales que se adoptan o promueven. En países de identidad política secuestrada e indefinida como el nuestro, los partidos políticos se apañan a la dimensión ideológica de estatus político para inflamar pasiones y atrapar lealtades de afiliados, mientras sus dirigentes quedan libres para hacer lo que les viene en ganas. Eso ocurrió en Puerto Rico por más tiempo de lo tolerable… he ahí el cuerpo de la crisis que se vive.

El partido autonómico que subsiste postergando el coloniaje a tiempo indefinido, deambula atolondrado desde que Washington despancijó a su Estado Libre Asociado; mientras los partidos estadista e independentista tanto abusaron del idealismo, que lo transformaron en desamor. A los tres, los ataca la polilla de la corrupción. Hasta el minúsculo independentista que no tiene velas en el entierro presupuestario, chupa como sanguijuela a la comisión de elecciones. Esa es la verdad monda y lironda. Una verdad tan espantosa que aterra pensar en nuevos partidos vulnerables a la infección. Menos perros, menos pulgas… es más sabio desinfectar lo que hay antes de aumentar la matrícula electoral existente. ¿No cree?

A mis amigos estadistas, lo recomendable es seguir el modelaje tan exitoso de nuestros conciudadanos del Norte y su tradición de crear coaliciones. La historia invita a crear un movimiento cívico – separado de las candidaturas y ambiciones de poder– establecer alianzas con los puertorriqueños que se han relocalizado en los estados, con los hispanos, afroamericanos y asiáticos– para sacar el ideal de las fauces partidistas y promoverlo como movimiento ciudadano. Hay que empezar convocando a un congreso estadista al que se prohíba la entrada a candidatos y crear una estructura no-partidista consagrada a la causa.

El partido a lo suyo… el idealismo a lo nuestro.


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