Edgardo Rodríguez Juliá

Puertorro Blues

Por Edgardo Rodríguez Juliá
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Distinto paisaje, mismo país

Era la oportunidad para la reconstrucción de un país más solidario, menos tribal. Pero desde el primer momento, ya cuando empezaban a recogerse los escombros que nos dejó María, y la memoria de sus vientos era todavía reciente, tuvimos las primeras confrontaciones entre Carmen Yulín Cruz, nuestra alcaldesa, y Ricardo Rosselló, jefe de gobierno de lo que ya resulta innombrable, el Estado Libre Asociado. De hecho, para ambos el estatus actual es innombrable, para Carmen Yulín como “soberanista” y para Rosselló como anexionista. Hasta ahí la armonía: empezó la discordia cuando la alcaldesa “refirió” al gobierno central los refugiados que estaban en el Coliseo Roberto Clemente. Rosselló lució ecuánime, no creó mayores pendencias. Como respuesta Carmen Yulín le robó la cámara de los medios noticiosos norteamericanos, asegurándoles a los conciudadanos del norte que la situación era desesperada y mucha gente estaba muriendo.

A pesar de los gestos de Héctor Ferrer y Alejandro García Padilla por ayudar a Rosselló en la tarea de repartir agua y víveres, en un inusitado gesto de solidaridad patriótica, las elecciones de 2020 mostraban sus protagonistas. El Partido Popular posiblemente sufra una división de muerte; imposible que se mantenga unido frente a Ricardo Rosselló. Como cuestión de hecho, Carmen Yulín es el Partido Popular, o cualquier partido opositor que se le antoje crear.

Resulta todavía más interesante el deslinde estratégico de ambos partidos: Ricardo Rosselló, tomándose “selfies” con Donald Trump, es el político complaciente y complacido. Carmen Yulín es la defensora del pueblo puertorriqueño ante el bocón de Trump. La crisis es oportunidad para una mayor soberanía; ahí están las leyes de cabotaje para ser eliminadas, para siempre. A Rosselló, en cambio, le bastó que Trump las invalidara por una semana. De buenas a primeras, se vislumbra una estrategia para el futuro de Puerto Rico. Cuando Rosselló asegura que reducirá las agencias de gobierno de ciento y pico a cuarenta, apuesta a un gobierno más pequeño, compatible con la estadidad que él ha prometido dentro de cinco años, tan arriesgado como prometer que para mediados de diciembre el noventa y cinco por ciento de los puertorriqueños tendremos luz.

Hasta ahí las tácticas y estrategias de gente más o menos seria. Fue divertido enterarme, en una fila kilométrica para el banco, donde una doña frente a mí sufrió un infarto, que una notoria politóloga, supongo que adepta a Carmen Yulín, se oponía a la “militarización” de la ayuda para Puerto Rico. No deja de ser cómica esta oposición soberanista; es como si nos estuviésemos ahogando y mostrásemos reparos al color de traje de baño del salvavidas.

Fue Doña Fela quien nos colocó en la política partidista norteamericana, en aquel entonces con el Partido Demócrata de Stevenson y Kennedy; Carmen Yulín, convirtiéndose en la querendona de liberales Saturday Night Live e independientes anti-Trump, o demócratas de izquierda, podría estrenar una nueva política insular, y hasta “nacional”. Con Bernie Sanders lograría -dado su acento inexistente en inglés, mejor que el de Ricky- un sitial en la llamada nueva izquierda norteamericana. Carmen Yulín, nuestra soberanista por excelencia, es alguien que no se amilana ante las contradicciones. Tampoco Aníbal Acevedo Vilá, que por las tardes se vestía de “elder statesman”, dispuesto a acompañar a Rosselló a cabildear en Washington, y por las mañanas lo criticaba severamente en su programa radial.

Rubén Ríos Ávila nos tildó de “raza cómica”. Algunos ejemplos: Los politólogos estadistas radiales, en su desesperación ante las metidas de pata de Ricky, comenzaron a correr el rumor de que Ricardo Ramos era una especie de quintacolumnista, recaudador de fondos del Partido Popular para la candidatura de David Bernier. Ramos, a su vez, para justificar su incompetencia, nos aseguraba que el gobierno de García Padilla le dejó un “junker” en la AEE. De buenas a primeras corre la bola de que un misterioso y siniestro gerente de “distribución” (el que le llevaría la luz a su casa) también era recaudador del Partido Popular. La gente del penepé, los del cincuenta por ciento de “generación”, partidarios del gobernador y politólogos de todo rumbo y más manejo, nos aseguran que la electricidad no llega a su casa porque hay “saboteadores” del Partido Popular en las líneas de distribución.

Más ejemplos, todavía más comedia: Héctor Pesquera, con su pomposa designación de “Secretario de Seguridad Púbica”, le aprueba unas vacaciones al director de AEMEAD, la Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias y Administración de Desastres, Abner Gómez, quien decide irse de vacaciones en medio de la mayor catástrofe que ha padecido el país en casi un siglo. En medio de la operación de corazón abierto, el cirujano se fue a jugar golf, y con el permiso de su superior inmediato. A principios de noviembre finalmente se le pidió y se le aceptó la renuncia.

Otro: Se cancela el contrato leonino de Whitefish por trescientos millones de dólares, con sede en una cabaña de un monte de Montana y un cuerpo gerencial de dos fulanos que habían puesto a la venta la dichosa cabaña, quizás porque no podían pagar la luz, pero no despide a quien firmó el contrato, engatusado por promesas de Linkedin, el inefable Ricardo Ramos, quien en las vistas congresionales del catorce de noviembre volvió a cambiar la “narrativa” sobre Whitefish.

Cuestionado por un congresista sobre la exigencia de “igual trato” en fondos de emergencia para ciudadanos que no pagan impuestos federales, Ricky prefirió referirse al Estado Libre Asociado, el innombrable, como “el extraño arreglo territorial que tenemos”, mínimo de gobierno propio que él ha defendido ante la Junta Fiscal y frente al cual la jueza Swain ha mostrado deferencia. El 17 de noviembre Rosselló, finalmente, pidió y aceptó la renuncia anunciada de Ramos; algún día sabremos por qué tardó tanto.

Lo más divertido, sin embargo, son las hipérboles o exageraciones de la izquierda, verdaderas comadronas de la demagogia: Un columnista nos asegura que el éxodo de puertorriqueños a la Florida es el equivalente del exilio de refugiados en Yemen y Somalia. Carmen Yulín, en entrevista para la prensa norteamericana, se abandona a soberana teoría de conspiración, porque, según ella, el gobierno de Trump persigue dejar deshabitado a Puerto Rico; la mano negra del guasón pretende sacar a puertorriqueños de la isla, y lo que U.S.A.-Trump está perpetrando contra los puertorriqueños equivale a un genocidio.

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