Ramón Cruz

Tribuna Invitada

Por Ramón Cruz
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“Dizque” ecoturismo en Mona

Durante el pasado mes, la Resolución 230 de la Cámara de Representantes reanudó el debate sobre la posibilidad de abrir la Isla de Mona al turismo.  Este no es un debate nuevo pues cada administración coquetea con hacer algo en la “Galápagos del Caribe”. Esto no es sencillo porque aunque Mona es un paraíso, su distancia de la isla grande, su clima semiárido y la falta de infraestructura básica, hace cualquier tarea muy complicada.

La resolución propone “realizar una investigación exhaustiva sobre la viabilidad de establecer un programa de desarrollo ecoturístico y de investigación en ciencias naturales y marinas en la Isla de Mona”.

Antes de discutir la resolución y sus intenciones, es necesario aclarar el concepto de “ecoturismo” porque tanto la representante Mas Rodríguez, quien presentó la resolución, así como la secretaria de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), Tania Vázquez, utilizaron el termino en sus declaraciones.  No porque un proyecto turístico se desarrolle en un área natural o protegida significa que es un proyecto “ecoturístico”. 

El ecoturismo es un concepto desarrollado y reconocido internacionalmente con siete principios específicos.  Entre estos, la Sociedad de Ecoturismo Internacional incluye destinar beneficios económicos para la conservación así como “proporcionar beneficios financieros y fortalecer la participación en la toma de decisiones de la comunidad local”. 

En otras palabras, a menos que exista una comunidad aledaña que se beneficie de la empresa y que esté envuelta en la toma de decisiones, no se debe entonces calificar a un proyecto como “ecoturistico”, simplemente para atraer un mercado que es sensible hacia ese tipo de concepto. 

Ahora bien, la discusión en los medios las pasadas semanas preocupan porque se comentó que el exsecretario del DRNA, Daniel Galán, visitó la isla con un grupo de inversionistas y que también mantiene discusiones con la representante Mas Rodríguez sobre “importantes proyectos de desarrollo económico y educativos” que tienen “en mente” para Mona y que hay interés entre “inversionistas para proyectos ecoturísticos”. 

Por otro lado, me tranquilizan las declaraciones de la secretaria Vázquez, quien aseguró que no ve a Mona “dentro del desarrollo de edificaciones” y que los proyectos “ecoturísticos” deben tener el menor impacto posible en la isla. 

No obstante, todo esto preocupa porque evoca una narrativa que ya conocemos y abona a la desconfianza que existe contra la clase política del país.  Según la representante, se celebrará una vista para “oír a los interesados en desarrollar proyectos en Mona”. 

Hemos visto muchas instancias en ambos partidos en que contratos y concesiones son otorgados a amigos y donantes a cambio de cualquier cantidad de cosas, favores o dinero.

Obviamente, sería injusto dudar de la integridad de los funcionarios aquí mencionados, pero exhorto a estos a hacer las cosas de manera diferente. En vez decidir ellos a quiénes escuchar o qué grupo de inversionistas favorecer, ¿por qué no crean una comisión sobre Mona compuesta por expertos del personal técnico del DRNA y las agencias federales con incidencia en estos temas? También deberá haber académicos, organizaciones ambientales y de la sociedad civil, compañías que operan actualmente en Mona, representantes de comunidades de los municipios más cercanos y cazadores y pescadores que han utilizado los recursos de la isla por décadas. 

¿Por qué no encargar a esta comisión el desarrollar una serie de criterios que sean cónsonos con el plan de manejo de la reserva y la capacidad de acarreo de la misma. Sólo una práctica transparente nos dará la confianza necesaria para apoyar su gestión. Es mejor evitar las mismas tentaciones en las que otros funcionarios, tan recientemente como el mes pasado, han sucumbido.

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