Luis Rafael Sánchez

Desnudo Frontal

Por Luis Rafael Sánchez
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Donald el impeorable

El grato Papa Francisco Primero, con quien simpatizo al extremo de apodarlo Pancho el Papa, regañó al ingrato Donald Trump por prometer la construcción de una muralla, a lo largo de la frontera que separa los Estados Unidos de México y los Estados Unidos de Norteamérica, si alcanza la presidencia de su país. Una muralla semejante a la que separa a China y Mongolia desde antes de Cristo.

¡Cuánta lluvia ha caído de Cristo para acá! Consterna percatarse del mucho tiempo que la humanidad malgasta en distanciarse y el escaso que utiliza en acercarse. Asombra saber el mucho tiempo que dedica a subrayar las diferencias y el poco a resaltar las coincidencias.

Al regaño del grato al ingrato siguió una lección evangélica en que destacaban los puntos siguientes. 1. Extraña a los cristianos debe ser la construcción de muros y amena la construcción de puentes. 2. Las aperturas rinden más frutos que los encierros. 3. En lugar de encastillarse en las utopías beneficia más abrir la razón y el corazón a las opiniones disidentes.

Una lección muy bonita aun cuando el placible Pancho el Papa olvida el rostro alterno de su iglesia. A través de los siglos los papados se encastillan en los lugares imaginarios donde concurre toda superioridad. Tan lastimosa certeza de supremacía los lleva a descalificar, perseguir y condenar versiones desiguales a las suyas a propósito del orden divino y el orden humano. Las de Galileo Galilei para empezar.

Los “olvidos” enumerados no les restan mérito al empeño del cordial Pancho el Papa por escuchar versiones desiguales a las suyas sobre el orden divino y el orden humano. Hasta besos castos intercambió el otro día con el patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, durante mil años enchismada con la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. ¡Un chisme que dura mil años amerita listarse en el Libro Guiness! Hasta la islamofobia censuró, no obstante los nuevos nazis proseguir en su racha de destrucción. Ahora desatan la barbarie contra Bélgica. Ojalá que Alá los sane.

No hay duda que Pancho el Papa apuesta por una iglesia menos cerril, menos dogmática, una inclinada a sermonear menos y escuchar más. Aceptémoslo: para escuchar hay que aprender a des-egocentrarse.

¿Se iba a quedar “dao” Donald Trump? Ni soñarlo. Con la celeridad del rayo contestó: “Ningún líder religioso debería tener el derecho de cuestionar la fe y la religión de otro hombre”. Una respuesta charlatana: él mismito advirtió que, de llegar a la presidencia, prohibiría la entrada de musulmanes a los Estados Unidos de Norteamérica. Es decir abanderaría la islamofobia. Igual a como ya abandera la mexicofobia. Igual a como ya abandera el rechazo a cuanto inmigrante cruza el Río Grande o el Río Bravo.

No hay cuña peor que la del mismo palo: Donald Trump no cruzó el Río Grande o el Río Bravo, no se mojó la espalda para llegar a Norte América, pero sus antepasados cruzaron mares antes de llegar al nuevo mundo. De ahí que siga siendo un cara pálida. Porque indio piel roja no es, menos indio navajo o indio apache.

Las boconerías del gran maestro de la boconería salpican a los puertorriqueños, máscaras inevitables de cuanta comparsa organizan los Estados Unidos de Norteamérica. ¿Cuáles medidas sobre nuestro país tomará el bocón si alcanza la presidencia? Un país con el humillante rango político de colonia. ¿A cuáles palabrejas acudirá a la hora de desterrarnos al hoyo del prejuicio étnico? Porque su proyecto de devolverle a la nación norteamericana el “brillo” de sus años gloriosos se reduce a vómito continuo de ataques sazonados con prejuicios y menosprecios.

A la altura del siglo veintiuno Donald Trump encarna la escoria de la historia. Una tragedia supone que se conozca tan poco y tan mal, a sí mismo. Cómica la tragedia, desde luego.

Inmejorable consideramos lo que alcanza la cima de la excelencia. Esto es, la calidad sobre la cual no hay duda, la expresión óptima de su género. Las meninas de Velázquez. Una película como Ciudadano Kane. La facultad deportiva de Kobe Bryant. Un soneto de Quevedo. La Novena Sinfonía de Beethoven.

Por oposición deberíamos considerar impeorable lo que nada en la deficiencia, como pez en el agua. Esto es, la medianía sobre la cual no hay duda, la expresión pésima de su género, lo que se revuelca en la sima.

Si a la altura del siglo veintiuno Donald Trump encarna la escoria de la historia, entonces resulta impresentable como candidato a presidir la gran nación norteamericana. Menos mal que a la hora de tomarlo en serio resulta impeorable. En el fondo de su alma pura el buenazo de Pancho el Papa lo sabe.

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