William Félix

Tribuna Invitada

Por William Félix
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¿Dónde jugarán los niños?

El deporte es una de las fuerzas unificadoras mas poderosas; lo digo sin tapujos. Por ello, disfruto tanto mi rol como doctor especialista en medicina deportiva. Me brinda la oportunidad de ser testigo de la pasión que se vive como miembro honorario de un equipo. He visto esta pasión en mi pueblo, que abatido ante la adversidad, transforma este sentimiento en tenacidad y se niega doblar sus rodillas ante las peores de las tempestades. Y, nuevamente, se resguarda en ese orgullo patrio y cría boricua que tanto nos caracteriza.

Hace seis meses, serví como director médico durante el encuentro clasificatorio FIBA entre Puerto Rico y Estados Unidos, celebrado en la ciudad de Orlando, Florida. Antes del partido, discutía con el personal de nuestra selección acerca de las dificultades enfrentadas por sus integrantes después del huracán María. Literalmente, no había cancha intacta en la isla para facilitar un proceso de pre-acondicionamiento previo al juego. A todo esto, fui testigo de como los nuestros, con gallardía y cría, dominaron la gran mayoría del partido, antes de sucumbir ante un equipo americano que claramente contaba con un roster más descansado. Volví a ese primer amor que me había “enchulao” del basket: mis 12 Magníficos. Claramente, en nuestra genética puertorra prevalecerá este rasgo pasional ante el deporte. Lamentablemente, hace falta más que buenas intenciones para inmortalizar este ideal mientras continuamos desarrollando nuestros prospectos para que algún día, suden la borincana.

Ahora vamos a lo que me quita el sueño: bajo la precaria economía de Puerto Rico, la Junta de Control Fiscal en sus faenas austeras, podría considerar que los fondos asignados a proyectos de desarrollo deportivo en la comunidad o para nuestros prospectos olimpicos no sean prioritarios. Aunque de forma especulativa, entiendo estás medidas sucederán; solo es cuestión de tiempo. Injusto por demás; el deporte no es racista, sexista o misógino. Es daltónico, no ve diferencia entre los azules, verdes y rojos. Tampoco es culpable de la malversación financiera que nuestra isla ha sufrido por decadas.

Hago un llamdo a la diáspora para que busquemos soluciones creativas y de alguna forma, mantener el patrimonio deportivo para nuestro pueblo. Sobre todo, que a nuestros atletas no se les arrebate la oportunidad de alcanzar su máximo potencial. Si nosotros, los boricuas en la diáspora, promoviéramos concientizar a entidades privadas y comerciales nuestro creciente poderío socioeconómico, podríamos dirigir esfuerzos de auspicio a diversos grupos de atletas en la isla. Que todos sepan, somos leales con quienes protegen nuestros mejores intereses.

Este patrocinio no necesariamente envolvería platino; podría ser la concesión de instalaciones de entrenamiento, alojo y transporte. Lo bueno de nuestro distintivo boricua: no tenemos pudor en pedir favores cuando se trata del bienestar de los nuestros. Donde quiera que vamos, dejamos nuestra marca y cuando canalizamos correctamente nuestras cría, resonamos e impactamos. En fin, existen una multitud de opciones que ciertamente influenciarán favorablemente el porvenir de nuestros prospectos. He aprendido que este esfuerzo no se puede llevar a cabo solo. Propongo crear una “Coalición Diasporican” para lograr este fin. El futuro nuestros atletas dependerá de ello. ¿Cuántos están dispuestos a un diálogo?

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