Ada Mildred Alemán Batista

Punto de vista

Por Ada Mildred Alemán Batista
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Duelo por 4,645 muertos ocultos

He tenido la muerte de frente en muchas ocasiones, pues como tanatóloga me ha tocado lidiar con ella varias veces.  Además me correspondió vivir la muerte de mi hijo menor en 2010 y la de mi esposo y mi madre en 2017, luego del paso de María.  Sé por vivencia propia el sufrimiento que acarrea la pérdida de un ser querido.  Sufrimiento denominado duelo.

El duelo por la muerte de un ser querido es un estado afectivo muy intenso.  Es un dolor tan penetrante que a su vez es emocional, psicológico y físico.  Es un dolor que hay que expresar porque de lo contrario se enquista y se articula de modo insano -abuso de fármacos, sustancias tóxicas, autolesiones, conducta violenta, etc. Habitualmente el duelo suele expresarse mediante cambios de humor, sentir que se ha perdido el control de la vida, tristeza, rabia, confusión, culpa y soledad.  

El duelo aparece ante todo tipo de pérdida significativa.  Esto incluye nuestra residencia, el auto, el empleo, la estabilidad laboral, un ser querido que se va del país, la rutina diaria y pertenencias como la vestimenta, entre otras muchas cosas.

En circunstancias normales, la muerte de una persona incide en la cotidianidad de su familia y la de su vecindario; afecta la cotidianidad de unas 10 personas.  Imaginémonos cuánto incidió la muerte de 4,654 seres humanos en la cotidianidad de estos dos grupos.  Ese gran número de muertes asociadas al paso de María, sin lugar a dudas, dejó una profunda huella en nuestro tejido social en cuanto al sentido de culpa, abandono, impotencia, desesperanza y soledad existencial.   

Añádele que las condiciones pos María no permitieron que los rituales funerarios se llevaran a cabo de modo habitual.  Sabemos que el no poder llevar a cabo esos rituales impacta psicológica y emocionalmente a los deudos.  Sabemos que la negación de esas muertes por parte del gobierno aumentó su sentido de abandono, indecisión, inseguridad e incertidumbre.  Sabemos que acrecentó su rabia, coraje, desesperanza y soledad existencial.

El ocultamiento de la muerte tiene efectos en los deudos y dado la magnitud en el número de muertes habidas, en la sociedad en general.  Se negó y no se ha aceptado el gran número de muertes que hubo.  Esto sumado al disloque en la celebración de los rituales funerarios, presentan el morir pos María como algo inoportuno y hasta improcedente.

Esconder las muertes ocurridas, triplicó en los deudos los sentimientos de culpa, de incapacidad e impotencia que generalmente acompañan el proceso.  Además, las circunstancias habidas no les dio la oportunidad de compartir su sufrimiento con familiares, amigos y vecinos.  Se celebraron velorios y entierros rápidos, y en solitario donde solo estuvieron quienes se enteraron y pudieron llegar.

Ha sido un gran error del gobierno no reconocer las muertes relacionadas directa o indirectamente con el paso María.  Error que denota falta de humanidad, de solidaridad y de amor por el prójimo.  Denota irreverencia por la vida y por la muerte.  Denota que son más importantes las metas electorales y el vivir de apariencias en un país de fantasía.  Fantasía que muchos no hemos comprado, pues sufrimos en carne propia la pérdida de un ser querido, fuera un familiar, un amigo o un vecino.

Esperamos que el estar preparados para esta temporada de huracanes recién comenzada implique un menor número o ninguna muerte ante el paso de una tempestad.  Esperamos que se logre un manejo adecuado de la situación.  Esperamos que de haber muertes, se respete el dolor de los deudos.  Esperamos empatía y sobretodo compasión.


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