José M. Medina Montes

Tribuna Invitada

Por José M. Medina Montes
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Ecología y desarrollo pueden ir juntos

Tal como sostenía en un reciente editorial de El Nuevo Día, conviene mantener un adecuado balance entre desarrollo y protección ambiental. Esta puntualización venía a raíz de que la Compañía de Fomento Industrial ha incluido entre sus activos 17 terrenos protegidos o ecológicamente sensitivos. Entre ellos, seis reservas naturales y un refugio de vida silvestre. 

Y el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales ha puesto en justa perspectiva la oportunidad de aprovechar nuestras áreas naturales y protegidas como atractivo para el turismo verde o ecoturismo, ayudando al desarrollo y a la vez protegerlas.

Entiendo que es significativo al respecto el que vaya superando la mentalidad de que el desarrollo se opone a la ecología, aunque desafortunadamente así haya sido algunas veces en el pasado, y no tan pasado.

Puede ser oportuno traer ahora a colación diversos eventos y publicaciones que se dieron en los meses que antecedieron a la Cumbre de París de finales de 2015, y que al parecer influyeron en sus deliberaciones. Entre ellos se encuentran, mencionándolos en orden cronológico, el Manifiesto Ecomodernista, la Encíclica Laudato Si, y el un Informe hecho por “The New Climate Economy”.

El Manifiesto Ecomodernista fue presentado en abril de 2015. La entidad a través de la cual se “lanzó” el Manifiesto es el “Breakthrough Institute”, que es un centro de investigación sobre energía y medio ambiente, con sede en Oakland, California. Tiene un enfoque optimista: entre otros aspectos, tratan de armonizar la técnica con la ecología, viendo la primera como cauce para cuidar la naturaleza.

La  Encíclica Laudato Si la publicó el Papa Francisco en junio de ese mismo año 2015. Enfatiza que la preocupación por nuestra “Casa común” es tarea de todos, y no solo de quienes tienen capacidad de decisión. Y el marco en que encuadra el cuidado del ambiente es sumamente abarcador, y lo resume en el concepto de ecología integral.

The New Climate Economy” se había creado en 2013 para ayudar a los gobiernos, las empresas y la sociedad a tomar decisiones mejor informadas sobre cómo lograr la prosperidad económica y el desarrollo, a la vez que se hace frente al cambio climático. En su informe publicado en septiembre de 2015, se animaba a lograr conjuntamente un mejor crecimiento y un mejor clima, enfatizando que, por ejemplo, la reducción de las emisiones contaminantes será mucho más difícil sin una economía fuerte.

Es sumamente interesante el cambio de enfoque que ya se ha empezado a dar al considerar la economía, el desarrollo y la tecnología no como “enemigos” de la ecología, sino como posibles cauces para la solución factible yrealista de los problemas del medio ambiente.


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