Iván Méndez

Punto de Vista

Por Iván Méndez
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Economía en tiempos de COVID-19

Se están abriendo las compuertas para reactivar nuestra actividad económica. La falta de números confiables sobre las pruebas realizadas, la cantidad de infectados y la inexistencia de un sistema robusto de seguimiento de la cadena de contagios, obliga a calibrar la apertura con cuidado. El tema se discute marcadamente desde los extremos: mantener cerrada la economía o acudir al modelo libertario y que cada cual vele por sí mismo y asuma las consecuencias. Ninguno ofrece una visión completa. Lo cierto es que puede y debe coexistir el manejo salubrista agresivo conjuntamente con una apertura económica paulatina y responsable. 

Sabemos que mantener un cierre indefinido no es sostenible para ningún país, menos uno cuyo gobierno está en quiebra. La relación entre el gobierno y el sector privado es simbiótica. El gobierno tiene que viabilizar que el sector privado se active, mueva la economía y que genere los ingresos necesarios para que el gobierno, a su vez, mantenga e incentive empleos y brinde servicios públicos. Ahora bien, lo que está fuera de lugar es el oportunismo de ciertos sectores económicos. 

Esto no es nuevo. Durante décadas Puerto Rico ha padecido una economía enferma en la cual el canibalismo empresarial y la falta de solidaridad ciudadana es prevalente. Por eso ya escuchamos los llamados para que el gobierno incentive sectores comerciales sin estrategia alguna para determinar cuál es el bien común. Por ejemplo, el sector de ventas de automóviles llama a la eliminación de los arbitrios para motivar la adquisición de vehículos. Entiendo que promover la compra de automóviles en esta coyuntura dista de ser una prioridad para nadie, excepto para los concesionarios. ¿Quién en su sano juicio y en plena incertidumbre va a invertir en la compra de un auto si no sabe si tendrá un empleo y podrá pagar la nota del mismo? Ya mismo saldrán los restaurantes a pedir se elimine el IVU, los ferreteros, los contratistas/desarrolladores de hogares, en fin cada grupo de interés halando para su lado para que el gobierno use de su capital limitado para brindarles una protección a la medida. 

Planteo que en esta nueva economía, el que no se ajuste a los tiempos no va a sobrevivir. Me agrada ver que el sector de alimentos se ha movido rápidamente a un modelo de ventas por internet y en buena medida muchos restaurantes han hecho lo propio. Tenemos que aprender de la pandemia para construir un mejor país. Ya sea, por ejemplo, en empleos y educación a distancia, servicarros y telemedicina. Hay oportunidades para los innovadores. El propio gobierno tiene que moverse a una prestación de servicios más eficiente, costo-efectiva y sobre todo, centrada en el ciudadano, su jefe.

Mi visión es que cualquier incentivo debe dársele al ciudadano y que sea este quien tome la decisión de cómo utilizarlo. Dicho esto, hay que salvar ciertas industrias.En específico, los pequeños negocios, que son la espina dorsal de nuestra economía. Nuestros empresarios merecen nuestro respaldo, pero sostengo que la mejor forma de ayudarlos es con un sistema contributivo justo donde el inversionista local no lleve el peso de subsidiar al capital de afuera. Tenemos una gran oportunidad de fomentar la agroindustria, el turismo interno, la tecnología médica; en fin, usar nuestras mejores mentes para salir mejor parados de esta experiencia. 

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