Enrique Toledo Hernández

Punto Fijo

Por Enrique Toledo Hernández
💬 0

Economía y visión de mundo

El discurso económico, más que un discurso del saber, es del poder. Comúnmente se utiliza para justificar intereses económicos y políticos o legitimar estructuras jerárquicas y jerarquizantes.

Los economistas tienen diferentes roles según el país. Por ejemplo, los economistas en Estados Unidos e Inglaterra tienen una posición privilegiada, en comparación con otras “científicos” sociales, precisamente porque su discurso legitima la visión de mundo occidental, en su versión anglosajona. De hecho, el discurso económico nace de Occidente y para Occidente.

En Latinoamérica y el Caribe tal discurso es importantísimo dado que la región tiene como horizonte de vida “el desarrollo”. Empero, el “standing” social de los economistas varía. En Chile, por ejemplo, los economistas son llamados “ingenieros comerciales” y el discurso económico tiene un estatus altamente privilegiado. Ese status viene como herencia del pinochetismo pues la dictadura montó su proyecto bajo ese discurso.

En Cuba, ese discurso tiene una alta preponderancia porque el típico discurso económico es para montar el sistema capitalista, y el “socialista” se articula en crítica a ese típico discurso. En Bolivia y Ecuador, con importantes nacionalidades indígenas, el economista no goza de ese estatus por las consecuencias terribles que los proyectos, justificados con el discurso económico causaron a esas etnias. Allí no se habla ya de “progreso” o “desarrollo” sino de “buen vivir” o “vivir bien”, cuyas bases filosóficas no pertenecen a la visión de mundo occidental (anglosajona), sino a las andinas.

Aquí en Puerto Rico el discurso económico lo justifica todo. Los términos exenciones contributivas, capital externo, productividad, competitividad, crecimiento o “progreso” carecen de contenido sin el discurso económico. Pero a los economistas (serios) aquí no se les hace mucho caso. Saben, en su gran mayoría, que el modelo económico “puertorriqueño”, desde hace 40 años, era algo insostenible que no logró sus propósitos originales (una economía de nosotros y para nosotros).

También tienen conocimiento de que cambiar ese modelo implicaría transformar el sistema político, y no me refiero estrictamente al status político, sino a la función socioeconómica del Estado. Un economista, aplicando rigurosamente la teoría económica, no ayudaría a legitimar a las élites políticas y económicas que viven del modelo. Para que escuche al economista tiene que cumplir tres requisitos: 1) hablar dentro del marco institucional; 2) a favor del ciclo de acumulación de capital extranjero (preferiblemente estadounidense), y 3) mientras más “técnico”, o despolitizado su discurso, mejor (además de llevar traje y corbata). Los economistas conocidos del país se han acomodado a estos requisitos con tal de empujar, aunque sea un poco, la “economía” a otros horizontes.

Pero la economía, como discurso científico, es altamente problemático y peligroso, pues está más cercano a la ideología (al poder) que a la ciencia (al saber). Primero, presume que la “naturaleza humana” es altamente individualista y egoísta que busca solamente el interés propio. Segundo, su concepción del “mundo” es como el de una máquina sin propósito, manipulable para producir ese “interés propio” (o ganancia). Volara, por tanto, al “otro” como una “cosa” sin valor por sí misma, a menos que genere “ganancia”. La Naturaleza y los seres humanos no vinculados al proceso de acumulación están “subutilizado” (son “inservibles”). Incorporarlos a esta visión de mundo es convertirlos en “recurso” humano o natural. Aquí no hay ética, excepto la de la utilidad y la eficiencia.

Tercero, convertir al “otro” en “recurso” se hace mediante específicas tecnologías que puedan controlarlo y manipularlo (o racionalizarlo). Cuarto, su noción del tiempo es lineal-progresivo que se mide por la tecnología (control) e ingresos (ganancias). Es decir, ese “progreso” es la profundización del otro en “cosa” (para su mayor control y manipulación) al fin de generar más “ganancias”. Todos estos elementos son creencias metafísicas.

Esta visión de mundo, implícita en la economía, fue posible por el colonialismo europeo. Indígenas, africanos y la Madre Tierra fueron convertidos en cosas, en mercancía. Todo lo que no justificara esa visión era inservible, descartable, reducible. ¿Son éstos en Puerto Rico los “cuponeros”, los emigrantes o el país entero? ¿Seguiremos con esta visión de mundo?

Otras columnas de Enrique Toledo Hernández

💬Ver 0 comentarios