Jason Dragoni

Punto de vista

Por Jason Dragoni
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Educación a distancia: reto para administración, docentes y estudiantes

Es impresionante como una partícula, de apenas algunos nanómetros de tamaño, ha cambiado por completo la estructura y el funcionamiento social de la humanidad. La gran mayoría de los procesos y servicios de nuestras comunidades se han visto afectados por la presencia de este virus tan contagioso y mortal. Uno de los sectores que más se ha trastocado, y con el cual me identifico, es el sistema de educación en todos sus niveles. A diario he observado en las redes sociales noticias, anuncios, situaciones y hasta quejas del nuevo escenario educativo que se vive a nivel global. Resulta casi inverosímil vivir un momento en el que el sistema de instrucción ha tenido que adoptar por completo la metodología de educación a distancia para satisfacer las necesidades del estudiantado y poder así continuar con su visión y metas establecidas. La aparición del COVID-19, y la necesidad de detener su propagación trajo consigo y nos obligó a adoptar un estilo  de enseñanza que para muchos era sin sentido y se le tenía poca confianza. 

Luego del periodo de distanciamiento social decretado, la mayoría de las instituciones educativas hicieron malabares para capacitar al personal administrativo y docente, y a su vez migrar todo el contenido didáctico a los sistemas de gerencia educativa que cada una posee. Todo esto ocurrió en un periodo de una a dos semanas, lo que representa un tiempo relativamente corto para la adquisición de aquellas competencias necesarias en la educación a distancia. Muchos compañeros y colegas enfrentan el reto de ofrecer cursos en una manera “no tradicional’ a la cual no todo educador está acostumbrado, ya sea porque tienen poca o ninguna experiencia o simplemente no han sido capacitados correctamente. Este cambio abrupto ha provocado que el proceso de enseñanza-aprendizaje, en muchos de los cursos , se vea afectado, provocando un desánimo bastante marcado en el personal docente y hasta en los estudiantes.

Esto presupone que a las instituciones les queda mucho por hacer, y más cuando el regreso a la “normalidad” se ve un tanto distante. El desarrollo de un sistema adecuado de capacitación y apoyo al docente, y hasta para el estudiantado, debería ser puesto en marcha y emulado, tal como ha ocurrido en algunas instituciones educativas de la isla. Se ha comenzado a trabajar con la situación, pero todos sabemos que no es suficiente. Debemos recordar que nuestros estudiantes también tienen necesidades y retos que no necesariamente están siendo atendidos. Adaptación y evolución educativa es lo que necesitamos en estos momentos, por el bienestar institucional y el aprendizaje adecuado de nuestros futuros profesionales. 

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