Juan Antonio Candelaria

Tribuna Invitada

Por Juan Antonio Candelaria
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Educación contra la violencia

Atacar la violencia desde una estrategia punitiva, lejos de disminuirla, podría acrecentarla. Esta estrategia no ha dado resultado. Afortunadamente, nos hemos ido dado cuenta que la violencia tiene sus raíces en problemas mucho más insondables. Que es, solamente, el síntoma de elementos subyacentes en el ser humano muy difícil de rastrear.

El germen de la violencia, entronizado en la tardía aceptación de las diferencias individuales, la intransigencia, intolerancia, metas pocos reales, apetecer lo que otro tiene sin merecerlo, conflictos familiares no resueltos, mecanismos evasivos y de escapes inadecuados son elementos relacionados con la inteligencia emocional y social, que requieren un enfoque educativo. La educación de nuestros niños no ha atendido principalmente la fase de la “brecha de empatía”, una incapacidad, subconsciente, para reconocer y responder a los sentimientos de los demás, especialmente a otros que percibimos como diferentes de nosotros, muy perniciosamente para aquellos cuya raza es diferente a la nuestra.

El prejuicio, parcialidad, dificultad para ver el mundo a través de la perspectiva de otros, estereotipos insustanciales, generalizaciones, fanatismo y odio incrementan esta brecha. En efecto, es un problema de la pobre —si alguna— educación en destrezas socio emocionales y civismo. Gestión que tiene que comenzar en el hogar, pero ¿qué si el hogar incumple con su cometido? La escuela, sin otra opción, tendrá que hacerse cargo de esa misión, no porque le corresponda en su totalidad, sino por el apremio del problema. Antes de formar ingenieros, abogados, médicos, todo tipo de profesional; obreros diestros y no diestros, tenemos que formar hombres y mujeres en la completa extensión de la palabra, como expresaba Hostos.

Peor que aquí, exacerbada la violencia en los Estados Unidos (motivada sustancialmente por intolerancia racial) se ha creado, precisamente, conciencia de la necesidad del aprendizaje social —emocional en las escuelas (SEL), con énfasis en los niveles más tempranos del desarrollo humano. Aprender cómo manejar conflictos, entender sus emociones y desarrollar auto controles, desarrollar relaciones personales sanas, es la médula de estos programas.

El estado de Nueva York, por medio de New York Life Foundation, dispuso de un millón para esos efectos. Utilizando la estrategia RULER (Recognizing, understanding, labeling, expressing, regulating), los niños aprenden a reconocer, entender las causas y consecuencias de sus emociones, etiquetarlas, expresarlas y regular apropiadamente. Además de tener un impacto positivo en mejorar el clima escolar y el aprendizaje, ha sido herramienta poderosa para la efectiva integración del niño ya adulto a la sociedad.

En Kentucky se proyecta ofrecer lecciones en aprendizaje social y emocional en 25 escuelas, un experimento de $11 millones. Las mismas tienen como objetivo enseñar a los estudiantes compasión, empatía y resistencia. Los estudios sobre tales iniciativas de aprendizaje socio-emocional han demostrado que aumentan el rendimiento académico de los estudiantes en un 17%.

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