Nahomy Curet Molina

Punto de Vista

Por Nahomy Curet Molina
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Educación y coronavirus: cambio de paradigma

La realidad que enfrenta la educación a nivel mundial, ante la pandemia del coronavirus, es impresionante. A principios de marzo, la UNESCO señaló que 290 millones de estudiantes alrededor del mundo se han afectado por el cierre de sus centros de estudio. Esta cifra, seguirá en aumento según avanza el COVID-19 en otras ciudades y países. 

La triste situación la enfrenta nuestra isla, ante el confinamiento y el cierre de las comunidades de aprendizaje. Esta dura realidad impacta de igual forma, tanto a los estudiantes como a los maestros, a nivel personal, social y académico. El golpe ha sido el mismo desde la escuela primaria, hasta la educación superior, incluyendo la educación pública y privada.  

Ante esta situación y al anunciarse el cierre de las escuelas y universidades, múltiples preguntas retumbaron en las mentes de los educadores: ¿cómo debemos reaccionar como docentes? ¿qué nos exige nuestra conciencia como facilitadores de la educación?  ¿qué nos reclama la sociedad? ¿qué esperan los estudiantes de nosotros? ¿cuál es la expectativa de nuestras instituciones educativas?  En fin, dudas, preguntas y ansiedades afloraron ante una realidad nunca experimentada, nunca vivida.  Las respuestas a cada una de estas preguntas son el resultado de lo que se ha estado haciendo por los pasados 30 días: reinventar la educación.  

Reinventar la educación ha requerido que los docentes estemos prestos a desaprender metodologías de enseñanza, a adentrarnos con más fuerza en el uso de la tecnología, a experimentar con diversas plataformas electrónicas, a ser más creativos y a compartir conocimientos con los colegas, a cambiar nuestra forma de dar clases. Pero sin duda, nos ha llevado a ser más empáticos y solidarios con aquellos que cuentan con menos recursos y herramientas para mantenerse “a flote” ante la cercanía de la culminación del semestre académico.  Todo esto es lo que se espera de un maestro y todo esto es lo que la mayoría ha estado dispuesta a ofrecer. 

Se trata de hacer un esfuerzo monumental para garantizar el derecho universal de los niños, las niñas, los jóvenes, los adultos: tener acceso a la educación. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), plantea el gran dilema que enfrentan los países ante esta emergencia: la urgencia de proteger la salud de los ciudadanos frente a la protección de continuar educando a nuestros niños y jóvenes.  

Claro está, la salud y la seguridad van por encima de todo, pero no es menos cierto, que la continuidad de la faena escolar también es importante para mantener la estabilidad emocional de los alumnos, especialmente ante la emergencia.  

Sin embargo, escuchamos voces que se enfrascan en restarle merito a la labor que los profesionales de la educación ejercen en este país.  Seamos conscientes, los retos que enfrenta la educación anteesta emergencia de índole mundial requieren que, de la misma manera que se les exige a los maestros empatía y solidaridad para con los estudiante, el gobierno, los padres y el sector privado también lo demuestren. Después de todo, la responsabilidad de la educación de un país es tarea de todos, no solo del que imparte la enseñanza. 

Te invito a apoyar la función docente. Si eres padre, madre o tutor de un estudiante, no menosprecies el trabajo de sus maestros o profesores. Conviértete en un colaborador, no en un detractor de la labor educativa. Apoya con estímulos positivos y con las herramientas que tengas disponibles y que faciliten el aprendizaje. De igual forma, si eres un ciudadano consciente, que representas al gobierno o a la empresa privada, respalda o promueve actividades dirigidas a fortalecer esta encomiable labor.  Después de todo, los profesionales que pueden ayudarnos a superar esta indeseable pandemia que nos afecta a todos, esos médicos, científicos, enfermeros, epidemiólogos y otros tantos profesionales, pasaron por las manos y el compromiso de los maestros.

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