Nereida J. Rodríguez

Punto de vista

Por Nereida J. Rodríguez
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Educar para la vida durante la cuarentena

Aceptar el desafío de enseñar y aprender durante la cuarentena ejemplifica las bases para la formación del ser humano, como lo son la responsabilidad, respeto y honestidad. 

Nuestros estudiantes cambiaron la pizarra por la pantalla de la computadora y dejaron vacíos los pupitres para ocupar la mesa del comedor de su hogar. Mientras, los maestros iban creando salones virtuales desde rincones en su hogar a través del uso de herramientas a las que se acercaron con el temor de darle al botón para comenzar la educación a distancia.  

Familias del otro lado de la pantalla han asumido el rol formal de educar y no solo como padres que también enseñan en el hogar. Interacciones y conexiones a través de email, chats y plataformas han transformado la educación puertorriqueña. Esfuerzo, sacrificio y entereza han prevalecido al acortar la brecha del distanciamiento físico para el acercamiento social-educativo.  

Definitivamente, en 40 días se ha puesto de manifiesto lo expuesto por Augusto Cury, quien destacó que un país no necesita buenos padres ni buenos maestros que cumplan una labor sino padres brillantes y maestros fascinantes que asuman el rol de educar por el bienestar de una sociedad. Los padres brillantes han dado todo su ser para alimentar la personalidad de cada niño, mientras los han enseñado a pensar a través del diálogo y las historias e incluso los han preparado para enfrentar el fracaso.  

Por su parte, a los maestros Cury les diría que han llegado al estandarte de ser maestros fascinantes, porque han propiciado el arte de pensar a través de la emoción y la sensibilidad. Son maestros inolvidables no por dar una nota, por pasarlos de grado, graduarlos o prepararlos para una profesión. Son fascinantes porque han estado educando para la vida. 

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